Si el automovilismo es un deporte o no, será una discusión eterna entre adeptos y críticos de la disciplina. Pero hay algo que es innegable: los pilotos de la actualidad llevan un ritmo de vida y de entrenamiento similar al de cualquier deportista de elite.
Para resistir una hora manejando a más de 250 kilómetros por hora en condiciones extremas, se requiere un estado físico óptimo. Y en esa búsqueda, los pilotos han ido aumentado sus horas y métodos de entrenamiento hasta llegar a lo que vemos hoy: Matías Rossi en un gimnasio de Pilar, simulando estar a más de dos mil metros de altura.
Es cada vez más común, sobre todo en triatletas y fondista, pasar los últimos días de pretemporada en sitios altos. Cachi, en Salta, es uno de los más elegidos por los atletas locales.
Pero Rossi trabaja desde hace varios meses con entrenador personal, Carly Mellado, en un conocido gimnasio del kilómetro 50. Entonces, ¿cómo hace el Misil para simular la exigencia de la altura sin moverse del llano pilarense? Utilizando una máscara de elevación o entrenamiento.
Después de su rutina diaria, Rossi se coloca una máscara que reduce el paso del oxígeno y trabaja durante otros 15 o 25 minutos. Según los pioneros del método, mejora la capacidad pulmonar y el rendimiento físico. No obstante, hay quienes aseguran que no simula las condiciones de altitud, sino que solamente bloquea el paso del aire, algo que no sucede en la altura.
Sí está claro que funciona como un complemento a la rutina diaria y no como un entrenamiento en sí mismo, ya que puede traer efectos adversos. Utilizada en exceso puede producir mareos o hasta infartos, ya que durante el tiempo que se utiliza la máscara el cerebro recibe menos cantidad de oxígeno.