Fiorella y Balto, la dupla argentina que irá al Mundial de Dog Dancing
Una entrenadora y su perro lograron lo que parecía improbable: clasificar para el Mundial de Dog Dancing donde el vínculo y el baile lo son todo. Detalles.
Fiorella y Balto, cuando el vínculo se vuelve danza. (eldiariocba.com.ar).
Fiorella y Balto buscan competir en el mundial de Italia. (Fiorella Sampietro).
Hay historias que no se explican con lógica, sino con emoción. La de Fiorella Sampietro y Balto es una de ellas: ella es educadora-adiestradora caninay él un border colliede cinco años. Ambos conforman una dupla deDog Dancing que se alista para participar del Mundialde la disciplina en Bolonia, Italia del 4 al 7 de juniode 2026.
Su participación marcará el regreso de la Argentina a esta competencia internacional tras más de siete años. Más allá de ganar o perder: Su objetivo principal es disfrutar y mostrar su vínculo. El verdadero logro no está en el podio, sino en ese instante en el que música, movimiento y emoción se alinean. Y en ese momento, más que competir, lo que hacen es bailar.
¿Cómo es la competencia? La disciplina combina coreografías humanas con trucos y destrezas caninas, en una rutina que los jueces evalúan 3 aspectos principales:
Valor técnico → dificultad de los trucos.
Impresión artística → uso de música y espacio.
Bienestar del perro → que disfrute la rutina. Esto último es fundamental: si el perro no se ve feliz, penaliza.
En un deporte donde la precisión técnica convive con la sensibilidad artística, la historia de Fiorella y Balto rompe cualquier molde preestablecido. Ella no eligió al “mejor ejemplar” ni al más prometedor según los estándares competitivos. Eligió al que sintió. Y esa decisión, lejos de ser un error, terminó convirtiéndose en su mayor acierto.
Balto, un border collie que no destacaba en sus primeros meses y arrastraba ciertas inseguridades, encontró en Fiorella algo más que una guía: encontró un lenguaje compartido. Hoy, ese lenguaje se traduce en coreografías donde cada movimiento tiene intención, cada mirada tiene sentido y cada paso cuenta una historia.
Sin sponsors oficiales, la joven de 29 años radicada en Villa María, Córdoba, impulsa una campaña solidaria a través de su escuela “Empatía Dancing”, ofreciendo cursos online para recaudar fondos y poder concretar el viaje a Italia.
Fiorella y Balto buscan competir en el mundial de Italia. (Fiorella Sampietro).
Fiorella y Balto buscan competir en el mundial de Italia. (Fiorella Sampietro).
Ver bailar a Fiorella y Balto es todo un espectáculo. Ella se pone en el centro y realiza una coreografía con pasos suaves que siguen la música mientras el perro corre, salta y hace piruetas a su alrededor, sin dejar ni un segundo de mirarla. La concentración de ambos es absoluta y cada uno se complementa con el movimiento del otro.
Los border collie, como otras razas de perros pastores, fueron hechos para el trabajo en el campo, por lo que prestan toda su energía e inteligencia a las órdenes de su dueño. “Son perros muy “segunderos”, tienen mucha energía”, contó la adiestradora y explicó que la clave para encontrar la motivación del perro para enseñarle es empezar con la comida y luego jugar con pelotas y mordedores.
El Dog Dancing exige mucho más que entrenamiento. Requiere construir un vínculo donde el perro no solo ejecute, sino que participe activamente. En ese terreno, Fiorella y Balto juegan con ventaja: no parecen entrenadora y mascota, sino compañeros de escena.
El entrenamiento no solo requiere enseñarle trucos o ejercitar el cuerpo, sino que también se trabajan aspectos “mentales” del perro, como la tolerancia a la frustración y la gestión de estímulos externos, que pueden aparecer en el momento de la competencia. Fiorella y Balto entrenan todos los días pequeños comportamientos o partes de la rutina, y luego van tres veces por semana en una cancha de fútbol para hacer un ensayo completo.
Durante una rutina de apenas unos minutos, pueden llegar a desplegar más de un centenar de señales y respuestas. Pero lo verdaderamente impactante no es la cantidad, sino la naturalidad con la que fluye esa comunicación. Como si hablaran el mismo idioma sin necesidad de palabras.