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El último rugido de Flora: la tigresa que escapó del maltrato, pero no de sus consecuencias

La tigresa rescatada del ex Zoológico de Luján murió en un santuario europeo. Su historia expone las secuelas invisibles del sufrimiento en cautiverio.

Por Redacción Pilar a Diario 7 de abril de 2026 - 11:25

Flora no fue una tigresa cualquiera. Durante años, su vida transcurrió en el ex Zoológico de Luján, un lugar que prometía cercanía con animales salvajes pero que, con el tiempo, quedó en el centro de denuncias por maltrato y negligencia. Allí, como tantos otros, su cuerpo empezó a pagar el precio del encierro: lesiones, dolor crónico y una salud deteriorada que nadie atendía a tiempo.

Su rescate llegó tarde, pero llegó. A fines de 2025, veterinarios detectaron en ella heridas profundas: uñas encarnadas que le impedían caminar con normalidad, un colmillo roto y signos claros de abandono prolongado. Fue intervenida, estabilizada y, poco después, trasladada a Europa en un operativo complejo que buscaba darle una segunda oportunidad.

En el santuario, Flora comenzó —por fin— a vivir como tigresa. Tuvo espacio, una dieta adecuada y la posibilidad de moverse sin rejas ni contacto humano invasivo. Fueron meses breves, pero distintos. Meses en los que su historia parecía encaminarse hacia algo parecido a la reparación.

Flora, al llegar al santuario en Países Bajos. (Felida Big Cat).

Sin embargo, el daño acumulado era profundo. A fines de marzo de 2026, los cuidadores notaron que algo no estaba bien. Su energía disminuyó, dejó de comer y mostraba signos de dolor. El diagnóstico fue contundente: una peritonitis severa. Aunque se preparaba una cirugía de urgencia, su cuerpo no resistió.

Murió el 1 de abril, lejos del lugar donde había sufrido, pero también lejos del tiempo que necesitaba para sanar. Su muerte volvió a poner el foco en:

  • el maltrato animal en zoológicos no regulados
  • la necesidad de santuarios y rescates

La organización Four Paws, apenas murió Flora, en Feida, Big Cat Sanctuary, el santuario adonde fue trasladada de urgencia en los Países Bajos, explicó las causas. Ya era demasiado tarde para ella.

La historia de Flora no termina con su muerte. Se convierte, en cambio, en un recordatorio incómodo: los animales rescatados del maltrato no siempre logran escapar de las consecuencias del pasado. A veces, el daño no se ve de inmediato. A veces, llega después.

Y cuando llega, ya es tarde.

Flora, en el ex zoológico de Luján. (Four Paws).

¿LO SABÍAS?

POR FLORA: ¡NUNCA MÁS MALTRATO ANIMAL!

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