MUNDIAL 2026

El día que expulsaron a Rattín y encendió un siglo de rivalidad entre Argentina e Inglaterra

El 23 de julio de 1966, Antonio Rattín fue expulsado en una decisión polémica e incomprensible y nació una rivalidad eterna entre Argentina e Inglaterra.

15 de julio de 2026 - 09:58

Hay partidos que se ganan, partidos que se pierden y partidos que nunca terminan. Argentina e Inglaterra jugaron uno de esos el 23 de julio de 1966. Ese día, la Albiceleste cayó 1-0 ante Inglaterra en Wembley, en suelo británico. El encuentro estuvo marcado por la controvertida expulsión de Antonio Rattín, capitán argentino, recientemente fallecido. Esos 90 minutos alcanzaron para cambiar una historia, pero no para apagar una herida que más de medio siglo después todavía sigue abierta.

La expulsión de Rattín en los cuartos de final del Mundial de Inglaterra fue mucho más que una decisión arbitral. Fue el comienzo de una rivalidad inmortal, el nacimiento de una polémica que impulsó cambios en las reglas del juego y una tarde en la que Rattín se transformó, para siempre, en símbolo de rebeldía y dignidad.

El césped de Wembley era un escenario imponente. Más de 90.000 espectadores esperaban que Inglaterra diera un paso más hacia el título. Del otro lado estaba una Selección Argentina aguerrida, orgullosa y dispuesta a desafiar al anfitrión. Nadie imaginaba que el protagonista de la tarde sería un árbitro alemán y una expulsión que todavía resiste el paso del tiempo.

En aquella época todavía no existían las tarjetas amarillas ni rojas. Los árbitros registraban las sanciones en una libreta y comunicaban verbalmente sus decisiones. Años después, Rattín recordó el episodio en una entrevista con El Gráfico. Según contó, el entonces entrenador Juan Carlos "Toto" Lorenzo le había indicado que, ante un fallo arbitral que considerara injusto, solicitara un intérprete, un derecho que le correspondía como capitán.

El mediocampista aseguró que pidió explicaciones porque entendía que el árbitro alemán Rudolf Kreitlein favorecía sistemáticamente a los ingleses. “No hice ninguna falta violenta ni insulté a nadie. Solo pedí un intérprete para que nos explicara las decisiones”, relató. Sin embargo, el juez decidió expulsarlo a los 35 minutos del primer tiempo.

Por su parte, Kreitlein sostuvo años más tarde que interpretó una actitud desafiante por parte del futbolista argentino. “Me miró con mala intención. Por eso entendí que me había insultado”, argumentó el árbitro al justificar su decisión.

La salida de Rattín del campo también quedó para la historia por lo que ocurrió después. Tras negarse inicialmente a abandonar el terreno de juego y mientras le indicaban el camino hacia los vestuarios, el capitán argentino se sentó sobre una alfombra roja destinada a la reina Isabel II. Sin saber a quién pertenecía el tapete, provocó el enojo del público local. Más tarde, al dirigirse hacia los vestuarios, recibió una lluvia de chocolates desde las tribunas. La tensión aumentó cuando estrujó un banderín de córner con la bandera británica y realizó gestos hacia los hinchas, lo que derivó en el lanzamiento de latas de cerveza.

No fue un gesto preparado. Fue el acto espontáneo de un hombre que sentía que acababan de arrebatarle algo mucho más importante que un partido: el derecho a defender a su equipo en igualdad de condiciones.

Con diez hombres, Argentina resistió como pudo. Corrió el doble. Luchó cada pelota. Defendió cada metro de césped como si fuera el último. Pero el desgaste terminó inclinando la balanza. A doce minutos del final, Geoff Hurst marcó el gol que clasificó a Inglaterra.

El marcador diría 1-0.

La memoria diría otra cosa.

Han pasado décadas, pero la imagen de Antonio Rattín abandonando lentamente el césped de Wembley continúa siendo una de las postales más poderosas del fútbol argentino. Para muchos fue una injusticia; para otros, el nacimiento de una rivalidad legendaria. Lo único indiscutible es que, aquella tarde de 1966, el Mundial dejó de ser solamente un torneo para convertirse en una historia que aún hoy sigue despertando emoción, orgullo y debate.

¿LO SABÍAS?

¡VAMOS ARGENTINA!

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