CURIOSIDADES

Cuánto debe durar un abrazo para combatir el estrés

El psiquiatra y neurocientífico Fernando Mora plantea que un abrazo al menos 20 segundos puede influir en la regulación del estrés. Detalles.

31 de agosto de 2026 - 11:17

En una época atravesada por la velocidad, las pantallas y la ansiedad, los gestos físicos mantienen un papel importante en el bienestar emocional. Entre ellos, el abrazo aparece como una forma sencilla de contacto que puede influir en la respuesta del organismo frente al estrés.

Hay abrazos que duran apenas un instante. Un saludo, una despedida, un encuentro inesperado. Y hay otros en los que el mundo parece detenerse durante unos segundos. Es justamente en ese segundo tipo de abrazo donde aparece una posibilidad sorprendente: el cuerpo puede interpretar el contacto afectivo como una señal de seguridad.

El psiquiatra /neurocientífico Fernando Mora explicó en un video que no todos los abrazos generan el mismo efecto. Sostiene que un abrazo de unos 20 segundos puede favorecer una respuesta de relajación, mientras que alrededor de los 8 segundos ya pueden comenzar a aparecer sensaciones asociadas con la calma.

De acuerdo con su explicación, durante un abrazo prolongado se ponen en marcha distintos procesos relacionados con la regulación del estrés.

Entre ellos, la activación del sistema nervioso parasimpático, vinculado con la recuperación de la calma; la liberación de oxitocina, una hormona y neurotransmisor estrechamente vinculada con el apego, la confianza y el vínculo social; y una disminución del exceso de cortisol, conocido como hormona del estrés.

QUÉ OCURRE DURANTE UN ABRAZO PROLONGADO

La explicación de Mora también hace referencia a investigaciones sobre los efectos del contacto físico. Una investigación estadounidense de 2023 analizó el afecto físico como una señal relacionada con la seguridad emocional y su posible influencia sobre la respuesta al estrés.

Otro estudio citado en el video comparó a personas que recibieron un abrazo de 20 segundos de sus parejas antes de atravesar una situación estresante con un grupo que no tuvo ese contacto. Quienes recibieron el abrazo presentaron menores aumentos en la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Cuando estamos sometidos a presión, preocupación o miedo, el organismo se prepara para responder: aumenta la vigilancia, cambia el ritmo cardíaco y se activan mecanismos hormonales asociados con la respuesta de estrés. Un contacto afectivo y seguro puede contribuir, en determinadas circunstancias, a contrarrestar ese estado de activación.

Pero hay algo todavía más importante: no se trata de contar exactamente hasta 20.

Los 20 segundos no son una fórmula mágica ni una prescripción médica. La respuesta depende de quién abraza, quién recibe el abrazo, del vínculo entre ambas personas y, fundamentalmente, de que el contacto sea deseado y genere seguridad. Un abrazo impuesto, incómodo o no consentido puede producir exactamente lo contrario.

La psicóloga Ana Asensio sostiene que los efectos vinculados con la liberación de oxitocina pueden comenzar con abrazos de aproximadamente ocho segundos, especialmente cuando existe contacto corporal e intención.

Asensio también plantea una frecuencia cotidiana de entre 8 y 12 abrazos, en el marco de una propuesta orientada al bienestar emocional y a la calidad de los vínculos.

Así, un gesto cotidiano puede convertirse en una forma sencilla de contacto interpersonal. La propuesta de los especialistas citados apunta a recuperar ese contacto físico como parte de las herramientas para afrontar momentos de tensión, siempre dentro de relaciones donde el abrazo sea deseado y resulte cómodo para ambas personas.

Quedarnos. Respirar. Sentir el cuerpo del otro. Aflojar los hombros. Y permitir que durante unos instantes alguien nos recuerde, sin decir una palabra, que no estamos solos.

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