Medio Ambiente

Otra fiesta en la Reserva

Un relato sobre la liberación de aves recuperadas por la Fundación Temaikén y liberadas en nuestra Reserva Natural de Pilar.

15 de abril de 2023 - 23:35

Por José Luis Gómez*

En la fiesta anterior o a lo que yo llamo así, cuando el invierno se empecinó en no dejar su espacio en la sucesión de las estaciones a la primavera naciente (seguramente provocado como ya sabemos por el accionar del homo sapiens irresponsabilis), personal especializado de la Fundación Temaikén (Tierra de vida, en tehuelche), trajo animales para su liberación, entre mamíferos y aves, a la Reserva Natural Municipal del Pilar.

En esta otra fiesta a la que me refiero, el 26 de enero pasado, vino a la Reserva del Pilar la misma gente especializada de Temaikén (con algunas variantes) y aportó solo aves para liberar. Se decidió que fuera en esta fecha porque desde 1972, por decisión de la ONU reunida entonces en Estocolmo, se celebra anualmente el Día Mundial de la Educación Ambiental.

El sentido de esta conmemoración es enseñar medidas para frenar la destrucción que nuestra especie, por irresponsabilidad e ignorancia, le causa a nuestro planeta, llamado azul; e instruir acerca de pautas para su recuperación en lo que fuera posible antes de llegar a catástrofes irreparables.

Existe otra fecha importante gestada en el mismo lugar del mismo año, también por determinación de la ONU. Es el 5 de junio, Día del Medio Ambiente, como se lo llama•. Es un día para recordar que de la salud del ambiente dependen la calidad de vida de las comunidades humanas y su bienestar económico.

Como hice notar antes, en esta nueva reunión en la Reserva del Pilar se trajeron solo aves. La gente que vino es aquella que cuidó a estas aves durante su cautiverio y recuperación, en algunos casos durante meses, hasta encontrarlas aptas para poder ser liberadas. Llegaron con sus tesoros protegidos en dos cajas de madera y en una de plástico.

Después de los saludos de rigor entre los voluntarios de la Reserva y los recién llegados, se procedió a la suelta de las aves. En el momento culminante en el cual el animal recupera su libertad, a los presentes se nos enciende el corazón, volviéndose rojo y visibles las palpitaciones, como le sucedía al ET de Spielberg cuando una emoción lo conmovía. La mayoría nos inmovilizamos para que nuestros movimientos no interfieran con la actitud de los animales; otros documentan el momento.

Tres flechitas emplumadas abandonaron su encierro: un corbatita y dos jilgueros. Luego, tres cardenales de copete rojo. Como en la fiesta anterior, los cardenales no se apuraron en desaparecer en el espacio. Se posaron en un árbol cercano y desde allí, con sonidos melodiosos y movimientos nerviosos, nos hicieron disfrutar de un corto y vibrante concierto, para desaparecer entre el verde y el azul, con sus copetes escarlatas y sus cuerpecitos grises. El encanto brindado con sus gargantas y su agitación, ¿sería una muestra de agradecimiento a sus liberadores y a quienes los recibimos con residencia estable y comida?

Sin embargo, esta vez la estrella de la mañana fue un ñacurutú, nombre guaraní que significa ave nocturna, conocido entre nosotros como búho cornudo. Hermoso y de gran porte, salió corriendo y a los saltos de su encierro, como un avión que necesitara más espacio para elevarse. No fue lejos. Se asentó en el pastizal, rodeado de árboles y arbustos, a unos veinte metros de nosotros. Seguramente enceguecido por el resplandor del sol, no dejó de mirarnos, casi inmóvil con sus grandes ojos amarillos. Solo nos dejó satisfechos cuando lo vimos posarse en la rama de un árbol.

La otra estrella diurna, aunque de menor brillo, según mi criterio, fue un jote, también llamado buitre, ave negra injustamente despreciada por muchos que no conocen su importancia en la naturaleza como basurero biológico. Se alimenta con carroña, la que detecta en bandadas desde el aire con sus magníficos sentidos de la vista y el olfato. Como el ñacurutú, salió carreteando hasta detenerse en medio del pastizal, alejado de nosotros. Tuvimos tiempo para mirar un rato a las dos grandes aves, una marrón y la otra negra.

Lamentablemente no pude quedarme para la despedida. Pese a ello, un pajarito cantor que suele visitarme, en realidad un tordo renegrido o chopí, ajeno a esta región, que llega hasta mí no sé de qué modo y que desaparece de la misma forma, me contó que la gente de Temaikén contó la historia de cada ave antes de retirarse. Acalorado por el sol del mediodía, antes de irme, como siempre, miré hacia el firmamento y, otra vez desde la altura un guiño me despidió.

• En esa Cumbre de 1972 en Estocolmo alguien escribió en inglés “environment”, que quiere decir “medio, ambiente”; pero por error no le pusieron la coma y quedó “medio ambiente”. De este modo perduró y se usa así. Incluso está aprobado con reticencias por la Real Academia Española.

*Voluntario de la Reserva Natural Municipal del Pilar.

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