El domingo 1º de diciembre comienza el adviento, el que nos invita a meditar en la venida del Señor, preparándonos para la Navidad.
Por Jorge Ritacco, cura párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar.
El domingo 1º de diciembre comienza el adviento, el que nos invita a meditar en la venida del Señor, preparándonos para la Navidad.
Este es un adviento muy especial porque ya tenemos prontamente el Año Jubilar del 2025. El adviento tiene tres dimensiones: una histórica, porque recordamos todo lo sucedido en la espera por el pueblo de Israel, es decir la venida de Jesús del Redentor, del Salvador y Mesías.
Pero, además, la vida es un constante adviento, también nosotros estamos esperando el día que nos encontraremos cara a cara con Dios. A partir del acontecimiento de nuestra muerte y algún día resurrección, encuentra el segundo aspecto, también estamos esperando ahora.
Y el tercer aspecto es el espiritual, el que me parece que tenemos que trabajar mucho. Yo estuve pensando qué lindo sería prepararnos mirando y contemplando quiénes vivieron en plenitud de su adviento.
Uno es el pueblo de Israel, sobre todo marcado en los profetas. El profeta Isaías es el profeta de los grandes tiempos, está también en Semana Santa por ejemplo. El profeta Isaías es el que le anuncia al pueblo que se prepare porque ya viene la salvación. El pueblo estaba en el destierro y va a volver a su tierra, a su tierra prometida. Él les va a decir “allanen los caminos, enderecen los senderos, prepárense porque ya viene”.
Hay un pasaje en la escritura, Isaías, capítulo 40, versículos 9 y 10, en donde el profeta sube al monte y grita: “...Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sion; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: ¡Aquí está su Dios!. Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede”… Anuncia, ya está la salvación en casa.
El otro personaje importante es Juan el Bautista. No podemos vivir un adviento sin Juan el Bautista, el que nos invita a la penitencia, a preparar el camino. El adviento nos viene a sacudir porque el Bautista viene a movernos también, como dice la Palabra, “sacudan la caña doblada”. Juan Bautista es el gesto y el momento de este tiempo, con un signo de ofrecimientos, de reconocer nuestra propia miseria y darnos cuenta en el pecado.
El tercer personaje que no podemos pasar desapercibido es la Virgen María. Por eso yo creo que el adviento es un tiempo precioso para sentirnos embarazados de Jesús como estuvo María. Entonces este tiempo es eso, vivir la dulce espera con María que nos puede indicar algunos caminos.
María nos indica el camino del silencio, a la oración, el meterse hacia adentro y guardar las cosas en el corazón. Todo lo contrario que hacen algunos en la preparación de la Navidad, donde parece que es gritos, música, cohetes por todos lados.
Esperar a Jesús el Redentor en tener una Navidad con Jesús junto a mí. Siempre digo que la Navidad me hace acordar a veces a las fiestas de bautismo, donde el bautizado está tirado en la cama de los abuelos tapado por las camperas de toda la familia y en medio de los regalos, ausente de la fiesta. Entonces pienso que a veces la Navidad termina siendo eso, una ausencia del homenajeado, de Jesús.
Entonces, ¿por qué no preparar el corazón para vivir una cosa distinta, como vivieron el pueblo de Israel, Juan el Bautista y María? Tenemos que preguntarles a ellos tres qué es el adviento. De esa triple manera, recordando nuestra propia espiritualidad aquí y ahora, soñando nuestro futuro por nuestro próximo adviento.
Si hoy apareciera Jesús y nos dijera, como lo hizo con el ciego de nacimiento: ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Qué contestaremos? Me parece que sería una buena pregunta para este adviento.
¿Qué espero, qué deseo, dónde está mi deseo de corazón?
