La fábrica de pastas La Genovesa cumplió 38 años y como una forma de homenajear a los pilarenses que los eligen desde hace tanto tiempo, lanzó un descuento especial para sus clientes más grandes.
El comercio, que cumplió 38 años en 2025, lanzó una promo para sus clientes más grandes. "Es una forma de acompañar en este momento tan complicado", afirmaron.
La fábrica de pastas La Genovesa cumplió 38 años y como una forma de homenajear a los pilarenses que los eligen desde hace tanto tiempo, lanzó un descuento especial para sus clientes más grandes.
Así, todos los martes los jubilados cuentan con un 15% de descuento sobre el total de la compra, sin tope. El beneficio se extenderá por las próximas semanas.
Desde el comercio ubicado en Paraná y Tucumán, se trata de una forma de devolverle a sus clientes la gentileza de elegirlos durante casi cuatro décadas. "Además vemos que a la hora de pagar, a veces tiene que dejar productos porque no llegan. Es una forma de acompañar en este momento tan complicado".
Los beneficiarios deberán presentar su DNI o cualquier documentación que acredite son jubilados.
Historia
Fue un 14 de febrero de 1987 cuando Pedro Cruz y su esposa, Cristina Bianchi, abrieron el local de La Genovesa en Víctor Vergani al 500, donde funcionó hasta mediados de 2019 cuando se concretó el viejo anhelo de un edificio propio, en la esquina de Tucumán y Juan Manuel de Rosas.
“Soy de Tortuguitas y empecé a venir a Pilar desde los 17 años, cuando me puse de novio con mi esposa”, recordó Pedro en diálogo con El Diario en 2022 a propósito de los 35 años del comercio. “Con el tiempo puse una fábrica de pastas en Haedo, donde estuve 11 años, pero cuando se hizo el acceso oeste rompieron toda la zona y nos mudamos para Pilar”.
Ambos eligieron ese espacio de la calle Vergani, “recuerdo que nos atendió muy bien Lucas Sordo y ahí arrancamos, muy de abajo, prácticamente de la nada. Todo fue trabajar y trabajar”.
De empleos, Cruz sabe bastante… “Yo empecé a trabajar en una fábrica de pastas cuando tenía 12 o 13 años. Yo era chico pero ya tenía la decisión de trabajar, mi hermana se había casado con un fabricante de pastas y yo iba viernes, sábados y domingos a barrer, limpiar y aprender. En mi vida hice de todo: trabajé en fábricas, fui mecánico, pero mi idea era juntar un manguito para poder poner mi propia fábrica de pastas”.
Sin que sea un reclamo, el comerciante observa que “hoy los chicos tienen otra mentalidad y lo acepto, antes la cultura era trabajar. Hoy terminan la facultad y se toman un año sabático”.
La familia creció entre máquinas y harina. El hijo mayor, Federico, es médico cardiólogo pero cada tanto pasa a ayudar. Su hija Agostina es licenciada en Marketing pero está muy involucrada en el negocio, incluso dándole el toque de presencia en las redes sociales, algo fundamental en la actualidad. “Los dos crecieron en la fábrica, el oficio lo tienen”, afirma Pedro.
Algo similar ocurre con la clientela, luego de 38 años de vigencia: “Tengo la alegría de que muchos chicos que venían de la mano de sus padres, hoy vienen con sus propios hijos a comprar. Recuerdo me pedían ñoquis para ir comiéndose crudos por el camino (risas)”.
Un paso adelante se dio en 2019, cuando se produjo la mudanza a Tucumán y Rosas. “Compramos esta propiedad, que era una casona vieja, ya con la idea de adecuarla para trasladar la fábrica. Estuvimos seis meses sin pandemia, hasta que por el Covid nos quedamos casi encerrados en casa con mi esposa y de la fábrica se hizo cargo mi hija".
Pedro recuerda que en esos meses “hubo que afrontar gastos, tenía deudas por la inversión importante que supuso mudarse, había que pagarle los empleados. Se trabajaba medio día y así estuvimos más de un año, se cubrían los gastos y salió adelante”.
Mientras tanto, jamás renunciaron a sus estándares de calidad: “En 2019 la Municipalidad nos reconoció por la cocina y nuestros procesos. Siempre quisimos hacer algo bueno y lindo para Pilar, porque Pilar me dio todo. La gran mayoría de la clientela es pilarense, pero también viene gente de lugares como Escobar, Capilla del Señor, Luján…”.
Y agrega: “Nosotros siempre nos hemos ocupado de que todo esté a la vista, que la gente vea cómo trabajamos y el esfuerzo que le ponemos. Esa fue una premisa desde el primer día, la gente tiene que ver cómo lo hacemos”.
Luego de más de medio siglo entre las máquinas, Pedro Cruz reconoce que el aniversario “me genera entre nostalgia y alegría, yo ya estoy pasándole la fábrica a mis hijos. Todo lo hicimos para ellos y a esta altura ya digo ‘misión cumplida’. Pero no me imagino retirándome del todo”.
