Una mujer de 29 años fue denunciada en Luján por estafas reiteradas contra amigos y conocidos. Tal como trascendió, simulaba enfermedades graves par pedir dinero, decía ser azafata para ofrecer pasajes truchos y solicitaba préstamos a nombre de amigas. Una de las damnificadas aseguró que la joven se apropió de su negocio. El fraude ascendería a 20 mil dólares.
Tal como informó el sitio C5N a partir del testimonio de una de las estafadas, la acusada es María Sol Romero, quien simulaba tener una grave enfermedad en la sangre, por lo que solicitaba dinero para afrontar el tratamiento.
De esta manera, se tomaba fotografías en centros de salud con aparatología médica -afirman que ella donaba sangre con frecuencia para poder hacerse de estas imágenes- y con ellas solicitaba aportes de dinero. También decía padecer diabetes y pedía aportes para afrontar el costo de los medicamentos. Según los denunciantes, los pedidos comenzaban en 100.000 pesos y podían escalar hasta 4 millones. Para esto, se hacía de recetas médicas que respaldaran sus pedidos.
Por otra parte, de acuerdo con otros testimonios, se presentaba como azafata y ofrecía viajes al exterior. Bajo ese perfil, "le dijo a una amiga que le iba a regalar un viaje por su cumpleaños, pero como requisito, le pidió una foto sosteniendo su DNI", contó el periodista Diego Gabriele por la pantalla de C5N.
Sin embargo, dicha imagen, tal como se desprende de la denuncia, fue utilizada para gestionar un préstamo online a su nombre. La víctima aseguró que durante cuatro años desconoció la existencia de esa deuda, hasta descubrir que figuraba en esa situación.
Por otra parte, una de las damnificadas, Eugenia, su mejor amiga, que aseguró haberse criado con ella, habló por la pantalla de C5N y contó su historia.
En este sentido, la joven afirmó que la contrató como recepcionista y vendedora en su centro de depilación definitiva. Con el correr del tiempo, comenzó a notar inconsistencias en la recaudación y en los montos que la franquicia le cobraba por el uso de la máquina láser, cuyo rendimiento quedaba registrado automáticamente: "En un momento las cuentas no empezaron a cerrar".
Sin entender lo ocurrido, Eugenia afirmó que poco a poco perdió "el control del local porque no entendía, entonces empecé un proceso de cierre con la marca de la franquicia".
Según su testimonio, Romero les decía a las empleadas que ella era la nueva dueña y que como la anterior titular estaba embargada, no podía recibir transferencias, por lo que debían pasarle el dinero a su alias.
Incluso, una vez cerrado el negocio, la mujer continuó citando a las clientas para cobrarles en efectivo y llevar una contabilidad paralela. También indicó que contrató personal sin autorización y que nunca les pagó. Finalmente, la denunció en 2023 y "alerté a todo el mundo que pude, nadie me creyó". "Y después empezó a estafar a absolutamente a todo el mundo, familiares, amigos, tenía muchas facetas", concluyó la mujer.