Abrió en 1978

Adiós a "Los Moldes de Mi Abuelita", un comercio histórico del centro de Pilar

El local de cotillón de la peatonal baja las persianas después de casi medio siglo de trabajo. “Cumplí mi ciclo”, aseguró Helena Traverso, su creadora.

17 de abril de 2024 - 11:33

¿Qué pilarense no ingresó, tomó un número y compró por lo menos una vez en "Los moldes de mi abuelita”? En busca de una vela, disfraces, decoración para una comunión, carnaval o graduación; si existía algún tipo de festividad, cualquiera fuera el motivo, ese era el sitio para encontrar hasta la idea más extravagante de cotillón. Luego de 46 años, el local de la calle Rivadavia baja su persiana.

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SONRISA. Helena Traverso detrás del mostrador de

SONRISA. Helena Traverso detrás del mostrador de "Los moldes de mi abuelita", donde pasó los últimos 46 años.

A pesar de los años, el espacio se mostraba más vigente que nunca, pues las largas filas en el interior eran el mejor ejemplo. Ubicado en la calle Rivadavia al 760, este 2024 fue el último año de uno de los comercios más significativos de la peatonal.

La encargada de comunicar el adiós fue Helena Traverso, su creadora, con un sentido posteo en redes sociales:

“Me voy, cumplí mí ciclo. 46 años son suficientes. Cierro mí historia en “Los Moldes de mi abuelita”. Mi cotillón, mi historia. Si me vieran...escribo y lloro. Tantas satisfacciones y alegría me dieron, tanta gente amiga coseché”, inicio la carta de despedida publicada en redes sociales por su dueña, Helena, y siguió: “Con ustedes festejé cumpleaños, bautismos, comuniones, 15 años, casamientos.Disfracé negritas, damas antiguas, paisanitas, también brujitas y piratas para Halloween. Me voy feliz de los años vividos y compartidos.Todo fue fiesta y disfrute cada momento. Ahora, la despedida es triste, tristísima, pero nos seguiremos viendo caminando por las calles de nuestro querido Pilar.Los voy a extrañar, y mucho. Espero que ustedes a mí también.“

Además, en diálogo con El Diario destacó a su marido, Néstor Vega: "No quiso estar en la foto pero en realidad él es quien me ha ayudado todos estos años. Yo fui la cara visible pero él estuvo siempre al lado mío".

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INSEPARABLES. Helena y Néstor, casi medio siglo al frente de "Los moldes de mi abuelita".

INSEPARABLES. Helena y Néstor, casi medio siglo al frente de "Los moldes de mi abuelita".

Y agregó, en un texto sobre su compañero de vida:

"He recibido tantos halagos… ¡Gracias! Pero no es sólo mi mérito. Obligadamente deben saber que el 50 % no me pertenece. Yo soy la cara visible, pero mi mentor, mi apoyo, mi guía, quien me baja a tierra cuando deliro comprando, quien me espera horas mientras hago pedidos… El otro 50% es él, Néstor, mi marido, el de la foto. Mi compañero de vida. No puedo no compartirle la mitad de mis halagos. Lo merece. Gracias por todo".

Cómo expresó en la carta y consultados por El Diario, Helena ratificó que el motivo del cierre sólo se basa en “un ciclo cumplido”. Sin embargo, sus clientes se mostraron muy conmovidos por la noticia en redes sociales y algunos de ellos incluso esperan que solo sea una pausa y no una adiós definitivo.

Recorrido

Allá por 1978, Helena Traverso inauguró el local junto a su marido y una amiga, quien al tiempo dejó el negocio para radicarse en el exterior. En ese entonces, “Los Moldes...” funcionaba en el garage de la casa del matrimonio, sobre la calle Lorenzo López. En ese momento vendían casi exclusivamente moldes de torta, y algunas cosas de cotillón.

Al poco tiempo, los comerciantes se mudaron a un local de la Avenida Rivadavia, a una cuadra de donde se ubicó luego (sobre la peatonal). Sin embargo, instalar el rubro cotillón en el centro de Pilar no fue fácil, ya que esos insumos (como los adornos para tortas) se compraban en las panaderías.

Por esto, al principio todo se hizo cuesta arriba: más de una vez el negocio estuvo a punto de cerrar, e inclusive fue puesto a la venta allá por 1983 o 1984, pero no hubo compradores, quizás una buena señal para o que vendría. La mudanza a un local propio (perteneciente a los padres de Helena, los recordados Edgardo y Chola) coincidió con el despegue definitivo y el boom.

A su vez, los moldes y las especias fueron dejándole cada vez más espacio al cotillón, convertido en el fuerte del lugar. Asimismo, la clientela comenzó a multiplicarse sin parar, por lo que era casi imposible encontrar el local vacío en algún momento del día.

Se va "Los moldes de mi abuelita", otro local que pasa a formar parte de los recuerdos de un Pilar que ya va quedando sólo en la memoria.

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