Desde principios del siglo XIX hasta las primera décadas del XX, el pueblo de Pilar tuvo entre sus vecinos a militares destacados, comenzando por Lorenzo López, Cayetano Beliera, o bien el coronel Ernesto Nazarre. En dicha galería ocupa un lugar de privilegio un hijo dilecto: Víctor Vergani, de quien se cumplen 125 años de su nacimiento.
A 125 años del nacimiento de Víctor Vergani
El piloto militar fue un vecino querido y destacado de su época. Falleció en la Tragedia de Itacumbú en 1938.
Piloto militar, Vergani nació el 1º de abril de 1901. Cursó sus estudios en el Instituto Carlos Pellegrini, para luego ingresar con 18 años de edad al Colegio Militar. Cuatro años más tarde se incorporó a la Escuela Militar de Aviación, donde llegó a ser instructor de vuelo.
Con sólidos intereses culturales y deportivas –era aficionado a la pintura, la guitarra y el polo-, el militar vivía en una casa céntrica, ubicada sobre la que hoy es la Avenida Tomás Márquez.
El máximo escalón de su carrera llegó en 1936, cuando fue ascendido a Mayor. Tiempo antes, se había casado con la joven Angélica Teresa Marzano, quien vivió hasta los 98 años, siempre bien dispuesta a oficiar de biógrafa de su marido para aquellos que quisieran escuchar la historia.
Su fama de piloto audaz fue creciendo con el tiempo. Muchos contemporáneos afirmaban que el Mayor Vergani realizaba piruetas de todo tipo, incluso pasando con su avión entre las dos torres de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar.
La tragedia
Pero el 9 de enero de 1938, los pilarenses se sacudieron con una noticia que golpeó con fuerza en todo el pueblo: en un accidente aéreo moría Víctor Vergani, el militar querido por todos. Tenía apenas 37 años.
El trágico episodio tuvo lugar pocos minutos después del despegue en Paso de Los Libres (Corrientes). Esa jornada, el pronóstico del clima no era alentador, pero los protagonistas decidieron despegar de todas formas.
El avión acompañaba a la comitiva presidencial de Agustín P. Justo, mandatario en ese entonces, pero el temporal fue demasiado para el Lokheed B12 en el que Vergani ejercía de copiloto, estrellándose contra las costas del arroyo Itacumbú, en Uruguay.
El Presidente Justo salvó su vida al suspender su viaje, pero en la nave sí estaba su hijo Eduardo, quien falleció al igual que el resto de los tripulantes. El avión siniestrado fue hallado pocas horas más tarde de ese mismo 9 de enero, por un peón de estancia que participó en la búsqueda bajo la lluvia que aún caía.
Pilar se enlutó con la muerte de Vergani, motivo de orgullo para todos. Los diarios de la época hablaron de un cortejo fúnebre que “desfiló lentamente por la calle Ituzaingó y después tomó por Tomás Márquez hasta la casa del extinto”, donde el público apostado en las veredas “rindió un homenaje silencioso al paso de los restos, mientras doblaban las campanas de la iglesia parroquial”.
Aviador sin miedo, militar de carrera, estudiante ejemplar, buen vecino. El final abrupto del Mayor Víctor Vergani fue uno de los capítulos más tristes para los pilarenses que habitaron este suelo en la primera mitad del siglo XX.