Se cumplen este miércoles, 202 años de la firma del Tratado del Pilar, acuerdo logrado entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos que fue rubricado el 23 de febrero de 1820 entre Manuel de Sarratea, Estanislao López y Francisco Ramírez.
A continuación, se brindan cinco aspectos del Tratado, algunos más conocidos, otros menos, pero que resaltan la trascendencia de uno de los llamados “pactos preexistentes” en nuestra Constitución.
El lugar
Durante casi dos siglos, el sitio exacto de la firma del Tratado del Pilar fue objeto de estudio y debate. Hasta el momento, es el historiador Alberto Allindo quien más precisiones ha arrojado sobre el lugar correcto: en 2019, en el marco de las XIV Jornadas de Historia del Partido de Pilar, se reveló que el pacto se firmó en la antigua capilla de la Virgen del Pilar. Hoy, ese lugar es una casaquinta, entre los barrios El Panchito y La Cañada de Pilar.
El interrogante se logró desentrañar a través de un documento de 1799. Además, los mapas demuestran que, en ese entonces, Pilar no tenía más de 30 ranchos, agrupados a la vera de un arroyo cercano al río Luján.
¿Pacto o tratado?
El Tratado del Pilar es omnipresente para el pueblo, como uno de los hechos más relevantes de su historia, sino el más importante. En este sentido, con su nombre se han bautizado –por ejemplo- la avenida de acceso al centro desde la ruta 25 y el primer Secundario estatal, entre otros espacios públicos.
Sin embargo, su denominación (más allá de que esté arraigada luego de dos siglos) es errónea: al tratarse de un acuerdo entre provincias de nuestro mismo país debería llamarse Pacto de Pilar, ya que tratado involucra a una firma entre dos o más países.
El pacto secreto
Luego de firmado el Tratado del Pilar, durante los años posteriores existió la sospecha de que los tres gobernadores habían acordado también compromisos secretos, en especial en lo referido a la provisión de armas entre las provincias involucradas. En este sentido, algunos documentos de la época detallan órdenes de Sarratea para la cesión de municiones, fusiles y pólvora, sin especificar su destino.
Pero, más allá de las especulaciones, lo cierto es que el consenso en la comunidad de historiadores es de la inexistencia de esos supuestos acuerdos realizados “por debajo de la mesa”.
Las mellizas
Ahora bien… ¿Por qué el pequeño pueblo de Pilar, un caserío que estaba en plena transición hacia una nueva ubicación, fue elegido como escenario de la firma? El recordado médico e historiador local Gregorio Ferrá tenía una teoría singular: en su libro “Historia de Pilar” (Dunken, 1999) lo atribuye a la invitación del alcalde Lorenzo López, “quien por entonces era novio de una de dos mellizas entrerrianas de una tradicional familia de Concepción del Uruguay. De la otra, era novio el caudillo entrerriano Francisco Ramírez”. Ferrá interpretaba que ese detalle “tuvo gran influencia en el notorio espíritu de reconciliación amistosa y pacificadora del Tratado del Pilar”.
Original y copia
Existen muchas imágenes sobre el acta de la firma del Tratado del Pilar, facsímiles reproducidos en libros, revistas y sitios web. Pero lo cierto es que los originales son una joya inaccesible. “Hay una copia en el museo de la ciudad de Santa Fe”, expresa el ya mencionado Allindo. E Iván Giordano, autor del libro “200 años del Tratado del Pilar” lo confirma: “Hubo tres actas originales, pero la única original que se sabe que todavía está es la del Museo Histórico Provincial de Santa Fe”. Allí, el documento está resguardado y no puede escanearse ni fotografiarse con flash, para su preservación. En cuanto al destino de las otras dos actas originales, su paradero es un misterio.