tribuna del lector

Desde la trinchera

Por Fabián Domínguez
miércoles, 17 de febrero de 2021 · 13:35

Hoy fui a la escuela después de un año. En el camino vi a una mama que llevaba a la Primaria a sus dos hijos, de la mano, el nene sin barbijo. Llegué a la escuela. Padres y chicos esperando ansiosos en el portón, adentro solo docentes, sin elementos de limpieza, con la directora de Primaria exigiendo que le cedamos un aula para espacio aislado (de la Primaria, pero en el corazón del Secundario) en caso de detectar a alguien con Covid. Hubo ausencias, algunos de licencia otros por ser personas de riesgo, pero no estábamos todos. Sin baños para los profes y con la consigna de no dejar ir a los pibes a los alicaídos baños, abrimos el portón.

Faltaron muchos chicos. Algunos padres, que no quisieron arriesgar a sus hijos, entregaron los trabajos prácticos y se retiraron. Terminó la mañana y seguían llegando padres a consultar cosas, y eso llevó a cerrar la escuela fuera de horario.

No fue una linda experiencia. Obvio que todo se hace con vocación, casi con un entusiasmo que orilla el suicidio. Todo lo que hicimos se pudo hacer a través de la virtualidad.

Que el mundo fue y sera una porquería, ya lo sé, en el 510, con el Covid también. Manejan la educación desde Disney y las escuelas están en Kosovo.

El único esperanzado del Cambalache es un tipo que tiene domicilio cerca de casa, en Manzanares. Vivió siempre en Capital, fue alumno del Nacional Buenos Aires y la primera vez que entró a una escuela del conurbano fue cuando se votó a sí mismo para gobernador. Con esta movida quiere sumar votos, y nos deja en el mismo lodo, todos manoseados...

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Esperanza
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