A que no sabés

Diez datos curiosos que probablemente no conozcas de Pilar

Hechos históricos, joyas arquitectónicas, secretos de la ciudad, curiosidades, misterios y arte. Recorrelos uno por una y averiguá de cuántos de ellos estaban al tanto.
domingo, 26 de diciembre de 2021 · 10:06

1-El faro de la ciudad

Punto de referencia ineludible para la localidad cabecera, el tanque de agua ya tiene más de 50 años de existencia.

Su construcción se inició en 1968 y concluyó en 1970. El edificio tiene una altura de 31 metros y paredes de 60 centímetros de hormigón, mientras que su tanque cuenta con capacidad para contener 1.000 m3 (1 millón de litros).

Sin embargo, es un gigante dormido: el boom demográfico de Pilar hizo que quedara obsoleto para su fin inicial, el de proveer agua al centro de Pilar y al barrio Villa Morra.

Es que, según los expertos, para imitar la presión que en la actualidad requiere el distrito, el tanque debería medir al menos unos 60 metros, el doble de su tamaño.

Hoy en día la estructura funciona como depósito y vestuario, con paredes bordeadas por una estrecha escalera caracol no apta para personas que sufran de vértigo... El tanque de agua dejó de utilizarse en 2004, pero lo cierto es que -activo o no- jamás perderá su estatus de “faro” de la ciudad.

2-Homenaje y misterio

El monumento a los Bomberos Voluntarios es sin dudas una de las estructuras más llamativas de Pilar. Su construcción fue encargada y financiada por el Rotary Club Pilar a mediados de la década de 1960 y el encargado de idear el proyecto fue Fredy Llosa, que por entonces daba sus primeros pasos en la carrera de arquitectura. Para esto trabajó junto con Guillermina Burcheri.

Sin embargo, por falta de presupuesto nunca llegó a concretarse la idea original, que incluía una gran espiral que remataba en una escultura.

Además, se dice que al momento de la construcción los miembros del Rotary depositaron en su interior una cápsula del tiempo, cuyo contenido sería develado recién en el 2000.

Pero no todo es tan fácil… Quienes introdujeron la cápsula no dejaron asentado el lugar exacto, por lo que al día de hoy nadie recuerda dónde está ¿Podrá ser revelado alguna vez el mensaje que tenían para decir los pilarenses de los ’60?

3-La princesa misteriosa

Convertidos en fascinantes ciudades silenciosas, los cementerios de pueblo albergan sus historias y leyendas, y el de Pilar no es la excepción. Entre sus paredes descansan militares como Cayetano Beliera, líderes espirituales como Tibor Gordon o intendentes emblemáticos, desde Pedro Lagrave hasta Luis Lagomarsino.

No obstante, se comenta que en los fondos del predio está enterrada una princesa europea, cuya sepultura nadie volvió a visitar luego de la austera ceremonia íntima que se realizó el día que se hizo el servicio, hace ya unas cinco décadas.

La tumba está a cielo abierto, casi junto a un paredón. Debido a su precariedad, para saber cuál es hay que ir acompañado de alguien que conozca el lugar. De la sepultura sólo queda la base de cemento. No hay placas, fotografías ni nada que se le parezca, mucho menos flores. Todo lo que alguna vez debió tener ha sido quitado o despintado. De la identidad de la supuesta princesa europea ya no queda ni un solo dato en pie.

4-Tras los pasos del renegado

Como una verdad que no necesita documentación para ser probada, en Pilar nadie tiene dudas de que, allá por el siglo XIX, el legendario gaucho Juan Moreira habitó los calabozos del pueblo.

Nacido en 1829 el viejo Partido de San José de Flores (luego convertido en uno de los barrios porteños), Moreira pasó a la historia como un icono de los gauchos renegados, pero detrás de esa fama hay una historia de injusticias y desprecio.

Al matar a un policía en un hecho confuso -Moreira reclamaba una deuda- comenzó su fuga, convirtiéndose en uno de los hombres más buscados.

El gaucho recorrió varios pueblos y es en ese marco que se lo ubica en los viejos calabozos de Pilar. En ese entonces, las celdas estaban ubicadas en la propiedad en la que aún funciona el Palacio Municipal. En esa manzana, durante décadas funcionó la comisaría. A la zona se accede por la entrada de la calle Bolívar.

Dicen que Juan Moreira pasó un tiempo detenido en Pilar, para luego ser trasladado a otra dependencia, de la que -como no podía ser de otra manera- se fugó…

5-La mano de Lola Mora

El Instituto Carlos Pellegrini es una joya arquitectónica en sí misma, pero además luce orgulloso una obra de la escultora Lola Mora, una de las artistas argentinas más relevantes de la historia.

El busto del expresidente Carlos Pellegrini que lleva la firma de la artista plástica tucumana llegó al edificio del entonces Colegio de Artes y Oficios Agropecuarios e Industriales Carlos Pellegrini en el año 1910. Si bien su primera ubicación fue el Salón de Juegos del establecimiento, luego se trasladó al exterior del edificio.

Se trata de una reproducción en mármol de Carrara de un busto de tamaño natural que había realizado años antes en yeso en su taller de Roma. Aunque originalmente estaba orientado a formar parte de la galería de bustos presidenciales de la Casa de Gobierno, el destino quiso que aquella obra terminara descansando en el distrito de Pilar.

Allí soportó, estoico, el paso de las décadas, al igual que el incendio ocurrido en 2002 que destrozó buena parte de la edificación. Pero los más de 100 años transcurridos dejaron sus marcas y una rotura en la nariz.

El busto sigue allí, centinela de un lugar que busca volver a vivir como en sus mejores días.

6- Los libros más antiguos

Convertida en un ámbito de cultura por excelencia en el distrito, la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre cumplirá su primer siglo de vida en 2022.

Entre su amplio inventario de libros, hay varios de ellos que se destacan por su valor histórico, plus otorgado por la antigüedad del ejemplar. En el edificio de la calle Belgrano 553 descansan muchos de ellos.

El libro más antiguo de toda la biblioteca es “Vida del Glorioso Patriarca Santo Domingo de Guzmán”, ejemplar que data de 1703. El mismo fue escrito en castellano antiguo (por ejemplo, en su portada dice “patriarcha”), por el Presentado Fray Francisco Possada.

En cuanto a libros impresos en el siglo XIX, la Biblioteca un diccionario latín – español de 1860. Además, posee un ejemplar de “Vuelta al Mundo (Viajes a los 5 continentes)”, editado en París en 1861.

También se debe incluir a “Conversations = Lexikon”, enciclopedia alemana de 1866; y una unidad de “El gaucho Martín Fierro” (1872), de José Hernández.

Por su parte, “Gramática castellana” data de 1883, mientras que “Los desamparados” fue impreso en París en el año 1890.

7-Un águila guerrera

Aún está allí, estoica y mirando al frente, en Rivadavia al 900, entre Independencia y Fermín Gamboa. Aún entre la maraña de cables que cruzan por su frente puede verse, altiva, una de las esculturas más conocidas del centro de Pilar, que no es otra que el ave que decora lo que alguna vez fue la carnicería “El águila”.

El animal fue esculpido en 1917 y el constructor de la obra fue Domingo Topazzini. Los memoriosos recuerdan también que el edificio fue el primero de Pilar en tener una amplia cámara frigorífica. En ese entonces, su propietario era don Jacinto López.

La carnicería funcionó hasta 1975, pero la fachada fue dejada prácticamente intacta desde ese entonces. A pesar de que hace varios años el local ha cambiado de rubro, su águila sigue allí, firme, con la mirada fija en el horizonte como un guardián de un Pilar que ya ha dejado de existir desde hace décadas.

8-Esqueleto de cemento

En la manzana comprendida por las calles Pedro Lagrave, Rivadavia, Hipólito Yrigoyen e Ituzaingó, el edificio inconcluso que se erige sobre la terminal de colectivos es parte del paisaje cotidiano.

Su construcción fue un viejo anhelo de quienes fundaron el sitio: visionarios del crecimiento que quizás algún día tendría Pilar, imaginaron un espacio para locales comerciales, departamentos y oficinas.

En cuanto a fechas, si bien no hay grandes precisiones se sabe que las obras originales datan de fines de la década de 1970, aunque en el imaginario popular se suela creer que la estructura es mucho más antigua.

En su momento, dichas obras fueron detenidas por los vaivenes económicos del país, sumados al fallecimiento de varios socios propietarios. Desde ese entonces, el esqueleto de la torre se erige sobre los locales ubicados en el ala que da a la calle Rivadavia

Varias veces se habló de reflotar el proyecto, pero lo cierto es que el gigante de cemento sigue ahí, esperando que algún día se complete lo iniciado.

9-El legado de un genio

Protagonista ineludible de la creación plástica y arquitectónica de los últimos cincuenta años, Clorindo Testa falleció en 2013 a los 89 años, dejando como legado una serie de obras emblemáticas en la ciudad de Buenos Aires, como la Biblioteca Nacional, el Centro Cultural Recoleta y ex Banco de Londres.

Pilar también pudo disfrutar de su talento, ya que Testa es el “padre” del auditorio y de la Biblioteca del Campus Nuestra Señora del Pilar, de la Universidad del Salvador.

Dueño de un estilo único e irrepetible, imposible de encasillar o etiquetar en ninguna corriente, el arquitecto supo atravesar todo límite con un sello muy personal y fácil de identificar.

En cuanto a la obra en la sede Pilar de la USAL, Testa pergeñó una especie de “caos controlado”, donde logró un muy buen manejo de la luz natural, destacándose por ejemplo los techos curvos y las ventanas en semicírculo y triangulares.

Una arquitectura contemporánea tan personal que quizás suele ser incomprendida apenas ve la luz, pero que al corto plazo solo puede cosechar admiración.

El club pionero y olvidado

Muy pocos saben que, durante varias décadas del siglo pasado, Pilar tuvo su Lawn Tennis Club, espacio en el que los amantes de este deporte –todavía joven en aquel entonces- acudían con sus raquetas.

Fundado el 11 de noviembre de 1920, el Lawn Tennis estaba ubicado frente a la estación de trenes de Pilar, donde hoy comienza la Avenida Tomás Márquez. Allí se emplazaba la única cancha del club.

Hombres y mujeres de la época participaron activamente en la fundación, la instalación del court y el mantenimiento, entre ellos Amelia Jordán, Eva Vergani, Rosa y Manuel Martínez Melo, Agustín Sanguinetti y Horacio Patiño, por nombrar algunos. Incluso, su primera comisión directiva estuvo encabezada por la mencionada Amelia Jordán, algo poco habitual en la época. Otra mujer que tomó sus riendas, ya en la década del ’40, fue Alva F. de Martitegui.

El Pilar Lawn Tennis Club funcionó hasta mediados del siglo XX y su nombre y calidad de pionero (tanto en el deporte como en la paridad de género) fue deshilachándose en la memoria del pueblo, hasta quedar casi en el olvido.

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