Como suele ocurrir cada fin de semana, en Panamericana se pone en marcha una peligrosa actividad que hasta el momento no ha encontrado un freno: la picadas de motos, a las que ni la pandemia de Covid-19 logra detener.
Como suele ocurrir cada fin de semana, en Panamericana se pone en marcha una peligrosa actividad que hasta el momento no ha encontrado un freno: la picadas de motos, a las que ni la pandemia de Covid-19 logra detener.
El escenario suele ser la bajada de Yrigoyen, uno de los accesos a Manuel Alberti, donde decenas de motos y cientos de personas se amontonan para protagonizar o presenciar las picadas.
