La discapacidad motriz que tiene Luciano Gómez no ha sido un obstáculo para que este derquino, de 31 años, logre integrarse en la sociedad en épocas en las que la inclusión no era un tema de agenda. Estudió periodismo deportivo y licenciatura en Comunicación y pretende, cuando las cosas se acomoden un poco, hacer una maestría en Periodismo Narrativo.
Una parálisis cerebral al haber nacido con cinco meses de gestación hace que hoy camine con bastones, deba utilizar ortesis, tomar medicación antiespasmódica, realizar kinesiología, y haya sido intervenido quirúrgicamente en siete oportunidades.
Sin embargo, tiene un obstáculo que no puede superar: la prepaga Medifé que, ante cada pedido, da “miles de vueltas” que lo llevan a estallar y realizar descargos en Twitter. “Es una lucha constante. Hace trece años que estoy en Medifé y cada vez que hago un pedido es un problema. Cansa. La verdad que cansa. Por mi problema (Cuadriparecia Espástica) debo usar una determinada marca de bastones, una valva hecha por una ortopedia particular porque tengo mucha movilidad dado que soy periodista y esto ellos lo saben-por Medifé- y sin embargo cada pedido es un problema”, contó Gómez.
“Desde que empezó la pandemia que no tengo nada autorizado. Han liquidado mal facturas de enero. No han respondido al pedido de bastones, una faja con varillas, me han enviado la toxina botulínica -ayuda a bajar el tono muscular- pero no aprueban los honorarios de quien la debe aplicar. Es irrisorio. Encima cuando uno estalla y publica en Twitter lo tratan de ‘asociado conflictivo’ o le dicen que, por los pedidos que tiene, que la prepaga lo ha cuidado demasiado y se mal acostumbró. Increíble”, agregó.
De todas maneras reconoció que durante los trece años lo “han acompañado” más allá de algún entredicho. Sin embargo, hace cinco años que le hacen la vida imposible: “Me vuelven loco. No los entiendo. Desde los doce años que tengo el mismo equipo de kinesiólogos y como son especialistas en mi patología no los he cambiado. A los 19 entré en Medifé y nunca les pagaron bien. Parece que te toman el pelo, lo mismo con los transportes y los otros especialistas-neurólogo, neuroortopedista. La ley les da, de manera inexplicable, noventa días para pagar y ni siquiera respetan ese tiempo”, aseveró.




