Reclamo

La lucha constante de un periodista contra una prepaga

Luciano Gómez tiene una discapacidad motriz. Relata la puja cotidiana contra Medifé que según señala, pone trabas ante cada pedido y frena su evolución y desarrollo profesional.

Por Redacción Pilar a Diario 31 de mayo de 2020 - 07:51

La discapacidad motriz que tiene Luciano Gómez no ha sido un obstáculo para que este derquino, de 31 años, logre integrarse en la sociedad en épocas en las que la inclusión no era un tema de agenda. Estudió periodismo deportivo y licenciatura en Comunicación y pretende, cuando las cosas se acomoden un poco, hacer una maestría en Periodismo Narrativo. 
Una parálisis cerebral al haber nacido con cinco meses de gestación hace que hoy camine con bastones, deba utilizar ortesis, tomar medicación antiespasmódica, realizar kinesiología, y haya sido intervenido quirúrgicamente en siete oportunidades. 
Sin embargo, tiene un obstáculo que no puede superar: la prepaga Medifé que, ante cada pedido, da “miles de vueltas” que lo llevan a estallar y realizar descargos en Twitter. “Es una lucha constante. Hace trece años que estoy en Medifé y cada vez que hago un pedido es un problema. Cansa. La verdad que cansa. Por mi problema (Cuadriparecia Espástica) debo usar una determinada marca de bastones, una valva hecha por una ortopedia particular porque tengo mucha movilidad dado que soy periodista y esto ellos lo saben-por Medifé- y sin embargo cada pedido es un problema”, contó Gómez.
“Desde que empezó la pandemia que no tengo nada autorizado. Han liquidado mal facturas de enero. No han respondido al pedido de bastones, una faja con varillas, me han enviado la toxina botulínica -ayuda a bajar el tono muscular- pero no aprueban los honorarios de quien la debe aplicar. Es irrisorio. Encima cuando uno estalla y publica en Twitter lo tratan de ‘asociado conflictivo’ o le dicen que, por los pedidos que tiene, que la prepaga lo ha cuidado demasiado y se mal acostumbró. Increíble”, agregó. 
De todas maneras reconoció que durante los trece años lo “han acompañado” más allá de algún entredicho. Sin embargo, hace cinco años que le hacen la vida imposible: “Me vuelven loco. No los entiendo. Desde los doce años que tengo el mismo equipo de kinesiólogos y como son especialistas en mi patología no los he cambiado. A los 19 entré en Medifé y nunca les pagaron bien. Parece que te toman el pelo, lo mismo con los transportes y los otros especialistas-neurólogo, neuroortopedista. La ley les da, de manera inexplicable, noventa días para pagar y ni siquiera respetan ese tiempo”, aseveró. 

Transporte público prohibido
Luciano comenzó a trabajar en el 2007 en un call center en CABA. “Tomaba cuatro colectivos para llegar a mi lugar de trabajo porque le tenía miedo al tren. Me levantaba a las 3.35 porque entraba a las 7.00. Una locura”, manifestó. 
Ese esfuerzo, aunque después logró perderle el miedo al tren y viajar en él, le trajo muchos problemas. “Tenía tan alto el tono muscular que no me podía calzar, me sentaba sin doblar las rodillas, no tenía flexión prácticamente”, explicó
Por eso en 2010 cuando lo intervienen, los médicos le indicaron que, para poder seguir moviéndose y no terminar en una silla de ruedas, debía cambiar su estilo de vida: “Me pedían que cuide la salud o deje de trabajar. No puedo elegir entre desarrollarme o tener salud”, manifestó. 
En aquel momento, Medifé le pagó los traslados al trabajo y a la facultad. Lo hizo durante 2010 hasta el 2018 y hoy le niegan esa posibilidad. “En esos años Medifé se portó muy bien. Pero, en las negociaciones me volvieron loco, querían que pague $16.800 para tener las mismas prestaciones ¿De dónde iba a sacar la plata? Tuve que denunciarlos a la Superintendencia, demostrar que mi empleador nunca pagó esa suma. Estuve con depresión, vómitos, estrés. Hasta que accedieron a no cobrar esa suma y pude estudiar, trabajar, como cualquier persona. Un impedimento físico o una discapacidad no pueden ser un impedimento para el desarrollo de una persona,” expresó.
“No es que no quiero usar el transporte público. No puedo. Me haría muy mal. Medifé tiene que acompañar. Como lo hizo un tiempo. Soy considerado un ejemplo de vida para muchos y ellos solo me ven como un gasto. No puede ser así. No puedo luchar ante cada pedido como si fuera todo desde cero. No se trata de gastar menos. Se trata de acompañar la inclusión y el Estado debería intervenir. Luchamos con demasiadas cosas. Para nadie vivir es sencillo pero la misión de las prepagas debe ser hacer más fácil lo que ya es difícil”, concluyó. 


“Un impedimento físico o una discapacidad no pueden ser un impedimento para el desarrollo de una persona”.


“Es una lucha constante. Hace trece años que estoy en Medifé y cada vez que hago un pedido es un problema. Cansa. La verdad que cansa”,

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