Por Paulo Maffía*
Por Paulo Maffía*
“Quien encuentre una vacuna viable en este momento, básicamente gobierna el mundo”. La frase, anónima, se le atribuye a un funcionario de seguridad nacional entrevistado por The Washington Post. Y no está lejos de la realidad.
Estamos a las puertas de un cambio global en cuanto a las relaciones de fuerzas y estructuras de poder geo políticas. Y en este nuevo escenario Argentina es un jugador. Sí, increíblemente podemos entrar a la cancha a jugar aunque sea un rato con los que tienen peso. Hasta ahora mirábamos desde la tribuna.
Pero el mundo se dio vuelta, y se dividirá entre quienes tengan autonomía en el desarrollo y producción de sus propias vacunas, y quienes dependan de los que las producen. Estábamos mirando desde la tribuna y ahora ya pisamos el césped. Podemos jugar.
En la posguerra, eran la física nuclear y la capacidad de producir misiles de largo alcance los que daban poder y capacidad de disuasión, con EE.UU. y la URSS liderando el mundo bipolar. Luego de la caída de la URSS, la relación de fuerzas se empezó a medir según quién lidera las nuevas tecnologías de comunicación.
Pero en 2020 todo dio un vuelco. La biotecnología se venía perfilando como un área de importancia cada vez mayor en la agenda de los países hegemónicos. Sin embargo no parecía una tecnología de dominación.
La agenda de las grandes “biopharmaceuticals” estaba centrada en enfermedades crónicas o de largo tratamiento (esclerosis múltiple, Alzheimer, cáncer). Las vacunas, en general, no aparecían en la lista prioritaria de los gobiernos y las grandes farmacéuticas. Para peor, aparecían grupos de “antivacunas”, con gente acomodada económicamente y argumentos entrelazados entre pseudociencia y superstición, mezclada con ignorancia.
Solo el HIV en los ‘80-‘90 fue la excepción, promoviendo la investigación y desarrollo de grandes empresas y el financiamiento estatal en los países centrales hasta que aparecieron los cocteles anti retrovirales.
En el área de antimicrobianos, en donde yo me desempeño como investigador, no hubo inversión global para el desarrollo de nuevos antibióticos desde hace más de 50 años. Recién ahora han aparecido algunos antibióticos nuevos para tratar las bacterias multirresistentes que representan un problema cada vez más acuciante, inclusive también en el mundo desarrollado.
Pero ahora el mundo cambió de golpe. Un virus zoonótico (que pasa de animales a humanos) puso a las potencias de rodillas. En Argentina tenemos generaciones de investigadores y décadas de investigación y desarrollo en infecciosas y zoonóticas, como hantavirus, virus Junín (o mal de los rastrojos) o rabia, entre otras. Disponemos de infraestructura como laboratorios de bioseguridad 3 y 4 en INTA Castelar y en el Instituto Malbrán, por ejemplo, que nos permite trabajar con estos patógenos para su estudio.
En ese contexto y en tiempo récord, el país ya desarrolla sus propios kits de diagnóstico de Covid-19. Además, desarrolla y produce reactivos para biología molecular. El Conicet posee entre sus filas investigadores y tecnólogos de primera línea, con experiencia y manejo de tecnologías de punta.
Tenemos capacidad de producción e investigación en vacunas, tanto desde el ámbito privado como estatal. Producimos vacunas para hepatitis B, rabia y aftosa; así como sueros de pacientes convalecientes para virus Junín con resultados comprobados, como ya se han propuesto a realizar varios países para frenar al Covid-19.
Producimos proteínas recombinantes de acción terapéutica (como el interferón, también propuesto para el tratamiento de Covid-19). A nivel regional, Argentina es un jugador importante en biotecnología.
Espero que esta vez podamos estar a la altura y aprovechar la historia, la experiencia, la infraestructura, la capacidad y recursos humanos que Argentina dispone en esta nueva era, donde las relaciones de poder se trastocaron totalmente. Y no nos auto releguemos al subdesarrollo nuevamente.
*Biotecnólogo, investigador Conicet y docente UNQ.
