Hace casi dos meses que el país está en cuarentena y las fronteras cerradas. En este contexto de pandemia y aislamiento, son muchas las situaciones cotidianas que se vieron alteradas y entre ellas, la experiencia del parto también sufrió modificaciones.
Sin embargo, para Josefina Likerman (28), vecina de la localidad de Fátima, no solo el dar a luz con barbijo y en medio de un clima de extremo cuidado fue particular, sino también el tener que hacerlo lejos de Carlos Quintana, el papá de su hijo con quien hasta enero de este año vivía en Cartagena, la colorida ciudad colombiana.
Fue el 17 de enero que, sin saber lo que ocurriría más adelante, Josefina viajó a la Argentina. La idea era que su hijo primogénito, Felipe, naciera en el país, en el Hospital Austral. Con fecha de parto para el 24 de abril, el papá del niño, que es colombiano, viajaría a comienzos de ese mes para poder acompañar a su mujer durante el nacimiento.
Pero en marzo, todo cambió. El 19, el Gobierno nacional decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio y las fronteras fueron cerradas. El vuelo de Carlos, programado para el 7 de abril, fue cancelado. Ya no podría viajar para ver nacer a su hijo.
“Ser mamá por primera vez y encima estando lejos de Charly fue un poco fuerte porque una como madre se imagina un escenario ideal estando junto a su pareja”, contó Josefina en diálogo con El Diario, desde su casa de Fátima, en donde está acompañada de sus padres y hermanos.
“Me vine en enero para acá porque a partir de los seis meses de embarazo las aerolíneas ya te hacen problema para volar y la idea era que el 7 de abril se viniera él. Esos tres últimos meses no fueron fáciles y estar lejos tampoco lo era, pero siempre con la ilusión de que iba a llegar abril y que íbamos a estar juntos en el parto”, recordó la vecina de Fátima.
Pero todos los planes e ilusiones de la pareja, quedaron truncos ante el avance del Covid-19 en Latinoamérica. Cuando a Josefina le comunicaron desde Latam que el vuelo de Carlos había sido cancelado, se le vino el mundo abajo pero, optimista, decidió mantener la calma.
Hoy, ya más relajada, reconoce que “ese día fue bastante frustrante porque nadie me daba respuestas. Me hice a la idea de que no iba a llegar para el parto y eso fue triste pero siempre pensando que tenía que estar bien para el bebé”.




