Una familia de la localidad de Del Viso se encuentra varada en Costa Rica desde el 14 de marzo, día que partieron de Argentina para disfrutar de sus vacaciones. Eduardo Natale (53), su esposa Lola Andrés (50) y los hijos de ambos, Mateo (17) y Emma (13) están a la espera de poder regresar al país vía Latam pero, a 23 días de su partida, todavía no tuvieron novedades.
Así lo manifestó Lola Andrés, integrante de la familia, que en una entrevista con el programa Código Plaza (FM Plaza 92.1), relató la odisea que están viviendo desde pocos días después de su llegada a San José de Costa Rica.
“Nuestro vuelo era el 14 de marzo y cuando Alberto (Fernández, presidente de la Nación) pronuncia el 13 que esto era una pandemia, esa noche teníamos que tomar la decisión de qué hacer”, comenzó. Al comunicarse con Latam, les explicaron que para poder cambiar el vuelo les cobraban 36 mil pesos de multa por persona, además de otros recargos, por lo que la suma total que debían costear era de unos 200 mil pesos.
Aunque hoy se arrepienten de no haber afrontado ese gasto, viendo que el aeropuerto seguía funcionando, definieron viajar. “Las puertas estaban abiertas y se podía salir del país. Alberto lo que había especificado era que no se podía ir a Estados Unidos, a Europa o a Asia, pero no dijo nada de América Central, que no era un destino de riesgo”, explicó la mujer.
Sin embargo, a los cuatro días de arribar, el 18 de marzo, Latam se contactó con la familia para informarle que el vuelo de regreso estipulado para el 29 de marzo había sido cancelado y que “hasta el 31 de diciembre podíamos elegir la fecha sin costo”.
A partir de ese momento, tanto la familia como los otros 314 argentinos que se encuentran varados en el país “tico” comenzaron a mover cielo y tierra para poder lograr el ansiado regreso a casa, pero fue en vano.
“El embajador interino, Martín Recondo, nos está ayudando un montón y se está ocupando mucho en lo que es colaborar con el hospedaje”, contó la vecina de Del Viso que, junto a sus dos hijos y su marido, está parando en un hostel de la capital costarricense.
En este sentido, Lola valoró la actitud de los “ticos” en general, y del dueño del hostel en particular “que nos bajó la tarifa”. “Estábamos pagando 35 dólares la noche y ahora no solo nos rebajó el precio, sino que se lo vamos a poder pagar cuando volvamos a Argentina”, contó.



