Por Alejandro Lafourcade
[email protected]
Por Alejandro Lafourcade
[email protected]
Mientras el país se prepara para combatir al coronavirus extremando las acciones de prevención, los medios entregan imágenes de otros rincones del planeta en el que la situación parece estar lejos de controlarse.
Sin embargo, hace poco más de una década los argentinos vivieron una situación similar: 2009, el año en que vivimos encerrados por causa de la gripe A, también conocida como H1N1 o influenza porcina.
Pilar, por supuesto, no fue la excepción en un período de varios meses de incertidumbre, precauciones y algunos desenlaces lamentables: en el distrito se contaron cuatro fallecimientos, dos adultos y dos bebés. Es que, a diferencia del coronavirus, la gripe A sí afectaba gravemente a los más chicos.
Cambio de hábitos
Luego de un verano sin sobresaltos, desde la llegada del otoño la gente se familiarizó con nombres de medicamentos como el Tamiflú, suministrado a aquellos que presentaban los síntomas tan temidos. En aquellos días de incertidumbre, las farmacias agotaron su stock de barbijos, y el alcohol en gel pasó a ser parte de la vida cotidiana casi tanto como el jabón.
Los comerciantes comenzaron a tomar nota de la peligrosidad que revestían las aglomeraciones en lugares cerrados, por lo que en algunos locales el acceso estuvo controlado: por ejemplo, en una farmacia de Del Viso no se permitió que entraran más de cuatro clientes al mismo tiempo. Por su parte, en la oficina que la Ansés tenía en la calle Belgrano fueron más drásticos y obligaron a la gente a formar fila en la vereda.
Aulas vacías
En Pilar, el primer caso correspondió a un adolescente del Colegio del Pilar que -a fines de mayo de ese año- contrajo la enfermedad en un torneo hípico desarrollado en el barrio porteño de Belgrano, al que habían asistido algunos jóvenes extranjeros.
La noticia corrió de inmediato y activó las alarmas. El ausentismo escolar comenzó a aumentar hasta llegar a cifras cercanas al 60%. Hasta que, a fines de junio, luego de una reunión en el Palacio Municipal llegó la orden por decreto: no habría clases durante todo julio, “estirando” el receso invernal.
Además, diversas actividades –como los peloteros y sitios de reunión infantiles- debieron cerrar por varias semanas, luego de la firma de un decreto municipal.
Hoy abrimos
Curiosamente, los bares y locales bailables continuaron abiertos, aunque algunos de ellos decidieron tomar recaudos ante el avance de la gripe A: La Colmena, por ejemplo, funcionaba con capacidad limitada y acceso restringido.
En el decreto firmado por el intendente Humberto Zúccaro se recomendaba a los comercios que sí podían permanecer abiertos –además de los boliches se exceptuó a bingos y gimnasios, por ejemplo- que tomaran las medidas necesarias para una correcta prevención.
¿Qué alquilaste?
Durante los meses de gripe A, los cines vendieron el 50% de las localidades, dejando una butaca libre entre persona y persona (medida similar a la tomada ahora por el coronavirus)
Además, aunque parezca cercano en el tiempo, el repaso de 2009 encuentra detalles curiosos: en la época pre-Netflix, vivieron un “veranito” los dueños de… videoclubes. Los alquileres en Pilar crecieron un 50% durante esa época, especialmente de títulos infantiles, ya que los chicos estaban en casa y de alguna manera había que mantenerlos entretenidos.