Historia local

Juan Cirilo Sanguinetti, el intendente de carácter fuerte y apodos imborrables

Fue jefe comunal entre 1958 y 1962. En su mandato construyó el hospital. Por su personalidad pasó a la historia como ??oCarajo??? y ??oHacha brava???.
domingo, 14 de julio de 2019 · 00:00

por Alejandro Lafourcade
a.lafourcade@pilaradiario.com

Gran parte de la historia de Pilar aún no fue contada en su profundidad, sobre todo cuando se trata de aquellos vecinos que fueron grandes protagonistas de la vida del pueblo. Sus nombres están en las calles o incluso en instituciones, pero de algunos solo se conocen un puñado de datos.
Tal es el caso de Juan Cirilo Sanguinetti, quien le da su nombre al hospital del centro de Pilar, un “nacido y criado” con una vida que merece ser contada. Intendente entre 1958 y 1962, pasó a la historia como el constructor del nosocomio, pero también como una persona de carácter fuerte que actuaba sin dudar, lo que le valió al menos dos apodos llamativos: Carajo y Hacha Brava.
Su padre llegó a Pilar en 1850, para instalar un almacén de ramos generales en San Martín y Lorenzo López. Cabeza de una familia numerosa, dos de sus hijos transitaron el camino de la política: Santiago y Juan Cirilo, hermanos casi inseparables, nacidos a principios del siglo XX.
“Los dos eran radicales yrigoyenistas. Santiago fundó la Farmacia Sanguinetti, y también tuvieron la tienda Blanco y Negro, donde después estuvo el supermercado Max”, señala a El Diario Juan Santiago Sanguinetti, nieto de Santiago y sobrino nieto del exintendente.

Gestión
Soltero y sin hijos, Juan Cirilo repartía su tiempo libre entre el Club Unión -con partidas interminables de cartas- y el Club Peñarol, del que fue un arquero destacado. Menos interesado por la política que su hermano, cultivaba buenas relaciones con radicales y peronistas, algo que fue decisivo para llevarlo a la intendencia por la UCR Intransigente.
Es que, en 1958, el pacto Perón-Frondizi hizo que a nivel local se buscara a un vecino respetado por todos por igual. Así se recurrió a este hombre que, lejos de ser un improvisado, puso manos a la obra de inmediato.
Sin dudas, su legado más fuerte fue la construcción del hospital, obra surgida del dolor (ver aparte), pero también fue el responsable, por ejemplo, del primer asfalto en el camino de acceso a Presidente Derqui –junto al gobernador Oscar Alende-, así como pavimentó las calles Nazarre y parte de San Martín. Durante su gestión, además, se concretó la separación de Escobar.

El cascarrabias
Pero los memoriosos recuerdan otros hechos que le dan un aire pintoresco a su semblante: por algo le decían Juan Carajo Sanguinetti…
Miguel Saric, en su libro “Memorias de un concejal”, confirma el particular apodo, debido a sus modos poco sutiles. Corría 1961 y Sanguinetti había decidido reemplazar las tipas de la plaza 12 de Octubre por los ahora célebres gingko biloba, algo que no fue bien recibido por un grupo de “damas notables” del centro.
En el Municipio, las mujeres exponían su bronca hasta que el intendente mandó a llamar a un jovencísimo Saric, inspector general, para –delante de las manifestantes- darle una orden clara: “¡No me deje ninguna planta parada, ‘Sarich’! ¡No me deje ninguna, carajo!”. Y a otra cosa… Esa decisión le valió el segundo apodo, Hacha Brava.
El propio Saric, en otra oportunidad, trabajaba con máquinas municipales en el campo de Antonio Gallo, en Zelaya, obra que serviría para mejorar el acceso a la localidad. Un concejal (sin saber que estaba autorizado) le chismorreó a Sanguinetti que el funcionario desarrollaba tareas en propiedad privada, e insistió en que fuera a corroborarlo. En el viaje de vuelta, el jefe comunal no emitió palabra. Regresando al Club Unión, finalmente habló: “¡Por esa pelotudez no me molestes nunca más, carajo!”. 
Pero, más allá de estas anécdotas, Saric destaca “su seriedad, responsabilidad y honestidad para ejercer la función pública”. El final de su intendencia coincidió con la caída de Arturo Frondizi, en 1962.
Juan Cirilo Sanguinetti no volvió a la política. Murió en 1972, de un paro cardíaco, mientras estaba en un casamiento. Su hermano Santiago lo sobrevivió solo dos años más, golpeado por la pérdida de su compinche inseparable. 


El dato
Juan C. Sanguinetti fue radical yrigoyenista, aficionado a las cartas y destacado arquero del Club Peñarol.

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