La imagen de los ginkgo biloba talados a ras del suelo en la vereda de la plaza 12 de Octubre se viralizaron rápidamente. Es que los árboles, famosos por haber sobrevivido la bomba atómica en Hiroshima, son desde hace décadas un emblema del centro. Lo mismo pasó con las fotos de los escombros de lo que, hasta el último fin de semana, era un pérgola que adorna el espacio verde desde el año 2000.
La polémica se encendió tan rápido como la viralización de las fotos. Quien salió a aclarar fue el director de Turismo, Fabián Martínez, quien desde hace dos semanas es el encargado del mantenimiento del espacio por decisión de la intendencia.
En diálogo con El Diario, señaló que “con la última tormenta, la de la semana pasada, un viento bastante fuerte hizo que caigan ramas de gran porte en una de las tres pérgolas lo que representaba un riesgo muy grande para los vecinos”.
Por el estado de esta pérgola, y viendo que aun reparándola representaba un peligro, la decisión de Martínez y su equipo fue demolerla. “Ya sacamos todo, limpiamos y hoy empezaron los trámites para reponerla. No sé si esta semana la vamos a tener entera pero sí va a estar en curso de reparación”, prometió.
Pero lo que mayor preocupación despertó en los vecinos de Pilar fue encontrarse el sábado con la remoción de los ginkgo, considerados por los pilarenses como “un patrimonio local”.
Martínez aclaró que la decisión fue tomada luego de que un informe técnico realizado por especialistas revelara que estaban en peligro de caerse, aunque definió su tala como algo “muy triste”.
“Todos tenemos un cariño muy especial por los ginkgo, que son muy queridos por todos los pilarenses, pero el viernes me llegó el informe técnico que habíamos pedido porque los veíamos todos secos y de todos los que había, ocho eran directamente insalvables y la calificación final fue que representaban un alto riesgo por lo que se recomendaba sacarlos”, declaró.
Por eso, el funcionario dijo que eligió “priorizar la seguridad pública”, el sábado un equipo de la Municipalidad se encargó de remover los árboles, ante la mirada pasmada de algunos curiosos.
“Con estas cosas no podemos jugar, por eso decidí no perder tiempo y evitar cualquier desgracia. Ya se había caído uno hace poco tiempo y por suerte no le pasó nada a nadie”, dijo.




