Por Alejandro Lafourcade
a.lafourcade@pilaradiario.com
Cuando Pilar se fascinó con fósiles de gliptodontes
Hay vestigios del pasado que de vez en cuando logran ver la luz y nos llenan de fascinación, como esa fascinación que teníamos al ser niños y mirábamos alguna ilustración de esos animales gigantescos que poblaban la tierra.
En particular, nuestro país es un paraíso de restos fósiles, incluso de algunos animales ya extinguidos que, a diferencia de los dinosaurios, llegaron a convivir con la especie humana.
Es el caso de los gliptodontes, criaturas que poblaron la pampa hace 10 mil años. El gliptodonte era una especie de “mulita” de gran tamaño que llegó a convivir con el hombre primitivo. Medía alrededor de tres metros desde la cabeza a la cola, y con más de un metro de altura.
En Pilar se recuerdan al menos dos hallazgos de estos ejemplares, cada uno con sus particularidades.
Desde hace más de medio siglo, y sin miras de ser “rescatado”, en el excuartel de Bomberos Voluntarios (hoy sede de la Policía Local) permanece enterrado un ejemplar de gliptodonte.
El fósil apareció en 1966, en la cava de la tosquera Currás, del barrio Carabassa. El recordado Regino Osés, histórico presidente de la institución durante esa época, recordaba en una entrevista con El Diario en 2007 que “los obreros lo querían romper y usarlo como escombro, y en el Museo de La Plata no tenían lugar”. Sobre la posibilidad de desenterrarlo, el vasco (fallecido en 2012) decía que “sacarlo daría mucho trabajo, porque el suelo es de hormigón armado. Ahí duerme bien, que lo dejen otros 400 o 500 años…”.
En diciembre de 1989, en vísperas del Año Nuevo el barrio La Lomita se conmocionó con otro hallazgo paleontológico: en el patio de una vivienda humilde, tras la excavación de unos albañiles se encontraron los restos fósiles de dos gliptodontes.
Aún se conservan fotos que ilustran el momento en que los restos fueron retirados del pozo, luego de haber sido recubiertos por una capa protectora de yeso.
Sin celulares ni redes, la noticia igual corrió como reguero de pólvora. Ya desde la colectora de Panamericana, los carteles escritos a mano señalaban el camino indicando el “descubrimiento histórico” (sic). Cualquier curioso podía entrar y mirar de cerca a los gliptodontes -estaban un par de metros de profundidad-, aprovechando la amabilidad del dueño de casa.
Sin embargo, tras varios días fueron removidos de allí, pero con un inconveniente: Pilar no tenía un lugar adecuado para su conservación. Por lo tanto, los ejemplares fueron a parar a una habitación ubicada detrás del escenario del Teatro Lope de Vega.
En el teatro, los fósiles permanecieron arrumbados hasta fines de 2007, cuando fueron “rescatados” por el arqueólogo y antropólogo Alberto Susco –un personaje entrañable, fallecido en agosto del año pasado-, quien se ocupó de su restauración en la Universidad del Salvador. El hombre soñaba con exhibir a ambos gliptodontes en la peatonal de Pilar.
Sin embargo, el proyecto nunca se concretó y los gliptodontes terminaron en el Museo Histórico Arqueológico de la USAL (MUSAL). Tal como aquel que está enterrado en el viejo cuartel de bomberos, quizás algún día vuelvan a ver la luz del sol.
El dato
El gliptodonte era similar a una mulita, pero de mucho mayor tamaño, midiendo alrededor de tres metros de la cabeza a la cola, con más de un metro de altura.
3
Gliptodontes fueron encontrados en Pilar. Ninguno de ellos está exhibido.