Agustoni, entre el flagelo de las drogas y el abandono estatal

Con el caso de la menor que fue violada, la problemática volvió a quedar al descubierto. El llamado “jardín abandonado” es el lugar elegido por muchos chicos para consumir.

Por Redacción Pilar a Diario 1 de febrero de 2019 - 14:39

El de las drogas es un problema reinante en el país y Pilar no es la excepción. Dentro del distrito, hay determinados barrios en los que el consumo ya desde edades tempranas es moneda corriente y, según datos de la Justicia, Agustoni es uno de los más afectados.  

Luego de que saliera a la luz el caso de una menor de 14 años que fue violada por cuatro jóvenes en una edificación abandonada, comenzaron a conocerse escabrosos detalles del hecho. Entre ellos, que los agresores habrían querido obligar a la víctima a consumir cocaína, posiblemente estando ellos mismos bajo los efectos del estupefaciente.

La ausencia del Estado en materia de contención de aquellos niños que crecen en condiciones de vulnerabilidad y contextos donde, muchas veces, la violencia es la norma, son factores que resultan caldo de cultivo para el consumo, que se da cada vez a edades más tempranas.

Fue la fiscal que entiende en la causa de la menor, Paula Romeo, quien contó que Agustoni es uno de los barrios más complicados en esta materia. Pareciera ser que allí la droga circula con libertad, como si fuera la dueña del lugar.

De acuerdo a lo que pudo saber El Diario, los cuatro jóvenes imputados en la causa – dos de ellos menores de edad – declararon que la edificación abandonada en la que violaron a la adolescente era un lugar usual de reunión, no solo de ellos, sino de otros chicos que eligen ese terreno descampado para reunirse por las noches “a pasar el rato”.

Allí, en el llamado por ellos mismos como “el jardín abandonado”, una menor de 14 años pidió ayuda a los gritos. Ayuda que tardó en llegar porque los mismos vecinos que se animaron a salir de sus casas para tratar de salvarla, no pudieron encontrarla no solo por la espesa oscuridad de la noche, sino porque la edificación abandonada, que nació allá por 2013 con la idea de ser un jardín de infantes, actuó en favor de los violadores.

Entre las paredes todavía en pie, cubiertas de grafittis, cuatro sujetos abusaron sexualmente de una chica que volvía a su casa y se encontró “con vecinos del barrio”, sin imaginar, sin lugar a dudas, cuál iba a ser el desenlace.

Ahora Romeo intentará pedir que se demuela el edificio. Sabe que esa no es solución al problema del narcotráfico pero, al menos, será un lugar menos en el que chicos de distintas edades se reúnan a ver pasar las horas consumiendo drogas, mientras el Estado mira para un costado.

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