por Alejandro Lafourcade
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En silencio, los cementerios nos hablan de la historia de un pueblo, y el del centro de Pilar no es la excepción. Recorrer sus calles internas significa encontrar aquellos apellidos que protagonizaron la vida del distrito, es observar arquitectura y arte, mientras se indaga en la devoción que la gente siente por quienes la precedieron.
El cementerio de Pilar fue construido hace alrededor de 150 años, y hoy es un crisol de estilos y recuerdos, desde aquellas tumbas más antiguas hasta los nichos fueron agregándose a medida que aumentaba la población.
A principios de la década del ‘70, un incendio en el Palacio Municipal destruyó los archivos. Sin embargo, con el tiempo la historia del camposanto local fue reconstruyéndose. He aquí siete claves para descubrir secretos y certezas de la ciudad silenciosa.
1
En el sector B reposa la que se cree es la tumba más antigua del cementerio de Pilar: la del matrimonio que componían Rosalía Zárate y Don Hilario Espinosa, fallecidos respectivamente en noviembre de 1857 y octubre de 1860. Como otras, fue declarada monumento histórico municipal, compartiendo sector con una tumba de 1871, perteneciente a Juan Biscayart.
2
Si hablamos de mitos y leyendas, en los cementerios abundan historias de todo tipo. En Pilar, se comenta que en los fondos está enterrada una princesa europea, sepultura que nadie visitó jamás luego de una breve ceremonia íntima, hace ya casi medio siglo. Está casi junto a una pared, y para saber cuál es hay que ir acompañado con alguien que conozca el lugar. Actualmente sólo queda la base de cemento, todo lo demás ha sido despintado: de la supuesta princesa no queda un solo dato.
3
Los techos de las bóvedas albergan ángeles y cruces que se denotan el paso del tiempo, pero no dejan de ser impactantes. La tumba de José Luexes –fallecido en 1910- está decorada por una de las obras más hermosas del cementerio: una escultura de mármol tallada en una sola pieza.
4
Una de las calles fue hecha de ladrillos hace unos 150 años atrás. Divide los sectores F y H, y conduce al osario general. Muy cerca de allí está la sepultura de Luis Lagomarsino, adornada con un busto del ex intendente, fallecido en diciembre1987. En cada aniversario, familiares y amigos de Luiso se reúnen junto al monumento para rendirle homenaje al caudillo. Hablando de intendentes, la austeridad de la bóveda de Pedro Lagrave y su esposa contrasta con la de Tomás Márquez, algo más elegante.
5
La bóveda de Tibor Gordon, uno de los lugares más visitados del cementerio local, y también uno de los más cuidados. Los seguidores de Gordon siguen venerándolo y posan sobre la puerta los tres primeros dedos de la mano derecha, tal como lo hacía el sanador radicado en Manzone.
6
Sobre la puerta lateral se erige una escultura de Cristo, obra invaluable del arquitecto Francisco Salamone, quien hizo historia entre 1936 y 1940 por sus monumentos en toda la provincia. Pero sobre la imagen tallada en piedra se erigía una cruz de dimensiones enormes, que se cree sería obra del mismo Salamone. La estructura fue demolida en 1958 por orden del entonces intendente comisionado Leandro Finochietto, por motivos que aún hoy se desconocen.
7
Entrando al sector F se halla la sepultura del militar Cayetano Beliera, sargento mayor de caballería, quien combatió en Monte Grande, Malabrigo, Colastiné, Cepeda y Pavón, además de participar de la campaña del desierto. Murió el 10 de enero de 1895, y su esposa descansa junto a él. El sector D, a su vez, alberga los restos de Josefa Derqui, hija de Santiago, el ex presidente. El sitio es monumento histórico desde 1974.
