ver más
Vida en la ruta

Un recorrido en dos ruedas por los caminos argentinos

Desde hace un año, Guido Ludueña viaja con su bicicleta por todo el país. Llegó hasta Esquel y regresó a Pilar, para recargar pilas y emprender una nueva etapa de la travesía.
Por Redacción Pilar a Diario 1 de abril de 2018 - 00:41

“A veces vamos tan rápido, tan en la nuestra, en la de otros, que nos olvidamos que la vida es simple, que es una sola, que pasa rápido y no vuelve atrás”, expresa Guido Ludueña, quien desde hace exactamente un año puso en marcha un gran sueño: recorrer el país a bordo de su bicicleta.
“El Viaje de Guido – Argentina en Bicicleta” es el nombre del proyecto (la aventura, mejor dicho) que este joven pilarense decidió encarar, saliendo a la ruta para tener una experiencia que lo marcará de por vida.
Aquella primera etapa que lo llevó desde Pilar hacia Mar del Plata fue apenas el comienzo. Eso sí, previa parada en Luján para visitar la Basílica, un rito que Guido ya cumplía antes de cada recorrido.
El itinerario lo fue llevando por una gran cantidad de caminos, pueblitos y ciudades, hasta llegan a la lejana Esquel, en Chubut, nada menos que a 1.800 kilómetros de casa; “Tardé 18 días para hacer 700 kilómetros desde Rawson hasta Esquel. Amanecí en un lugar diferente cada día, al calor residual de la fogata de la noche anterior, esperando que caliente el sol para salir a la ruta, a la aventura de esperar que la vida me sorprenda en cualquier momento y de cualquier manera”.
En la ciudad chubutense vivió y trabajó durante algunos meses, tanto en un centro de ski como en una pizzería, para luego emprender el regreso momentáneo.

Vivencias
Asfalto, tierra, ripio, día, noche, lluvia, nieve… Todas las circunstancias fueron atravesadas en un año que tuvo de todo. Ciudades tan disímiles como Puerto Madryn, Carlos Casares, Villa Gesell o Bariloche formaron parte de este primer año de recorrido. Sin embargo, hubo tiempo para el regreso: Guido volvió a Pilar hace unos días pero ya planea cómo será el segundo capítulo de su itinerario.
La Patagonia parece haber sido la zona que más lo ha deslumbrado hasta el momento. Según recuerda, en Chubut “algunas veces pedaleé con calor, pero muchas otras con frío y con viento en contra, y hasta con nieve al costado de la ruta. Subí cuestas dignas del tour de Francia, por momentos quise dejar la bici colgada de un alambrado, lloré, reí, disfruté, acampé en muchos lugares, en estancias habitadas, otras abandonadas, en una iglesia, en una dependencia municipal, al costado de la ruta”. 
Este primer año de viaje también guarda vivencias y anécdotas de todo tipo. Sin dudas, una de las más llamativas es la que se dio a pocos kilómetros de llegar a Tandil, cuando el joven estaba regresando. Exhausto, hizo dedo y fue levantado por un camionero: minutos más tarde, ambos se dieron cuenta de que se habían conocido meses atrás en Esquel. “Un flash, una locura. Destino, casualidad, causalidad, el mundo es un pañuelo, un tarro bárbaro. Todo eso pero junto”, recuerda Guido con una sonrisa.
A un año de la partida, Guido asegura que “cada pedaleada es hermosa y me pone unos metros más lejos de casa y otros más cerca de mi destino. La libertad está dentro de la cabeza, pero no la podría ejercer sin mi vehículo preferido ¡No existen límites con mi bicicleta!”. 


 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar