No hay pilarense que se precie de tal que no haya visitado, al menos una vez, la mítica pizzería La Gringa, que desde que abrió, en la década del ’60, está ubicada en 11 de Septiembre y Bolívar. Pero Edenor tampoco los perdonó a ellos y en enero de este año sufrieron un duro revés: la boleta pisó los 24 mil pesos, un 500% más que en el mismo período del año pasado, cuando Juan José Hykalik, su dueño, debió abonar $4.800.
La clásica pizzería La Gringa recibió un aumento de luz del 500%
A pesar de que se mostró confiado en que “en algún momento esto se va a acomodar”, Hykalik manifestó su preocupación porque, claro, la clientela no aumenta tal y como aumentan las tarifas. “Cada vez nos sorprendemos un poco más con las boletas de luz y nosotros no podemos trasladar eso a nuestros clientes, porque trabajamos con gente de Pilar, gente de clase media y todos venimos medio golpeados”, declaró en diálogo con el programa Código Plaza (92.1 Mhz).
Al mirar en detalle su factura, pudo ver que el consumo, por una cuestión estacionaria, aumentó en un 10%, por lo cual no entiende a qué se puede deber semejante incremento y, como pasa en cualquier local comercial, “tratamos de buscarle la vuelta sin tener que golpear el bolsillo de la gente porque además, sabemos que el aumento de precios impacta directamente en la rentabilidad”.
Además, el dueño de La Gringa tiene muy en claro que “no es una necesidad básica, y aunque no notamos que haya bajado tanto el trabajo, si todo se pone más caro, la gente deja de salir a comer afuera”. Aunque por ahora no notó una merma significativa de clientes, poder asumir los gastos se les está haciendo cuesta arriba y “eso que solo es la luz lo que aumentó así, espero que ningún señor de Gas Natural esté escuchando, que es lo que de momento no ha subido tanto”, asumió, sin perder el sentido del humor.
Tradición
Su padre arrancó con el negocio en el ’60 y “siempre fuimos de ahorrar” cuidando el consumo. Más allá de que saben que los $1.700 que pagaban hace cuatro años tampoco eran lógicos, hace unos años “venimos zigzagueando entre los dos extremos y ese es el problema, no tenemos capacidad de reacción ante los cambios”.
Asumiendo que “estamos entregados” porque no tienen manera de bajar el consumo ya que mantienen abierto con lo mínimo, lo único que les queda por hacer es ir renovando la tecnología para optimizar el consumo o controlar el uso de los aires y las heladeras, pero saben que “esos solo son puchitos que no hacen la diferencia”.
De cualquiera manera, sin perder las esperanzas, Hykalik sigue pensando que “las cosas en algún momento se van a encarrilar, aunque estos son avatares difíciles, pero han pasado cosas peores”.