Por Alejandro Lafourcade
Por Alejandro Lafourcade
Protagonista de una carrera profesional siempre en ascenso, el médico pilarense Fernando Contreras es uno de los principales referentes del país en neurocirugía funcional de la epilepsia, intervención que en la mayoría de los casos logra la cura completa.
Egresado de la Universidad Austral, se desempeña también en el Hospital Garrahan, la Fundación Favaloro y el Sanatorio Fleni; mientras que en octubre –y como parte de un equipo multidisciplinario- realizó en el Hospital de Alta Complejidad (HAC) de Formosa el primer procedimiento de este tipo en esa provincia.
La neurocirugía funcional de la epilepsia se realiza en pacientes que sufren epilepsia refractaria, es decir, aquella que es resistente a los fármacos.
Se calcula que, en Argentina, alrededor de 300 mil personas padecen epilepsia. El 80% del total suelen responder positivamente a los medicamentos: la operación es precisamente para el resto, aquellas personas que no logran dejar de convulsionar a pesar de los fármacos.
Contreras explicó que en estos casos “se intenta determinar qué zona del cerebro está haciendo las descargas epilépticas, si están cerca de áreas importantes o en alguna zona accesible que se pueda llegar a operar”. En cuanto al caso de Formosa, el paciente tenía 33 años, aunque puede hacerse con gente de todas las edades.
Además, si bien ya se viene realizando en sitios como Fleni, “la idea es ir extendiéndolo, sobre todo en hospitales públicos”.
Trayectoria
Para capacitarse en ese tipo de cirugías, Fernando se capacitó en el país y en la Universidad de California (UCLA). El procedimiento es realizado por un equipo multidisciplinario, algo que el médico siempre se encarga de recalcar.
“El 65% de los pacientes que se operan se curan en forma completa –afirmó-. En el resto, las convulsiones disminuyen drásticamente. Hay un 5% que no responde, pero a la gran mayoría le cambia la calidad de vida”.
Recibido en 2002, realizó la residencia en el Hospital Garrahan, más un año en la jefatura de residencias en ese sitio. Tras pasar un año en la UCLA, regresó al país para desempeñarse en los lugares antes mencionados y diversas clínicas.
“La medicina me empezó a gustar en la adolescencia”, comentó el profesional, radicado en Capital desde hace unos años, pero que se resiste a despegarse de su pueblo natal: “Los miércoles vengo y, si no tengo cirugía, almuerzo en El Colonial. Los viernes también trato de estar acá, las raíces pilarenses no se pierden jamás”.
Además, en medio de tanta actividad, tiene en el automovilismo un cable a tierra: “Hace varios años corría, pero en la crisis de 2001 tuve que dejar. Desde hace 3 años empecé con el karting, en el kartódromo de Zárate, el mejor de Latinoamérica. Compito en el Torneo Provincial, hay fechas una vez por mes, con entrenamientos cada 10 o 15 días”. Y asegura: “Es el momento en que apago el teléfono y no existe más nada…”.
“Los miércoles vengo y, si no tengo cirugía, almuerzo en El Colonial. Los viernes también trato de estar acá, las raíces pilarenses no se pierden jamás”.
“El 65% de los pacientes que se operan se curan en forma completa. En el resto, las convulsiones disminuyen drásticamente. A la gran mayoría le cambia la calidad de vida”.
“Cuando me subo al karting es el momento en que apago el teléfono y no existe más nada…”.
