Enfoque

Miremos cómo se pusieron

Por Alejandro Lafourcade.

Por Redacción Pilar a Diario 16 de diciembre de 2018 - 00:00


Todavía resonaban las fuertes acusaciones de la actriz Thelma Fardín contra Juan Darthés, cuando en las redes sociales se desató un efecto dominó: mujeres en su gran mayoría (algunos hombres también) se lanzaron a denunciar situaciones de acoso o abuso, recientes o no. Lamentablemente, Pilar no fue la excepción.
En los últimos cinco días no dejaron de agolparse nombres, fotos, testimonios, acusaciones cruzadas, con Twitter e Instagram como epicentro. Ya no son actrices, actores o políticos. Las que denuncian son nuestras vecinas. Los señalados también. Los conocemos. Los cruzamos a diario. Los atendemos en nuestros negocios. Los curamos en nuestros consultorios. Les enseñamos en nuestras escuelas. Son hijos, sobrinos, primos, hermanos. 
Pasan los días y el estupor no se va. Tampoco esa sensación de malestar, ese nudo en garganta y estómago que parece que no va a calmarse nunca ¿Será cierto? Nos preguntamos, en esa primera instancia de negación ante nombres tan familiares. Y luego esa barrera cede, dejando paso a la bronca, la desilusión, la necesidad de que la lista se corte de una buena vez porque quizás esos sean todos y ya no haya más, ni víctimas ni victimarios. Demasiado ingenuo, ¿no?
En pocas horas aparecen cerca de 80 nombres y más de cien casos (porque algunos protagonistas se repiten). Si todos son ciertos, no lo sabemos. Lo que sí es seguro es que no son todos falsos, y eso ya es grave de por sí. Lo más cómodo sería pensar en un ejército de fabuladoras decididas a manchar reputaciones, pero no son tiempos para la comodidad.
Acosos callejeros, abusos, “sextorsiones”, violaciones lisas y llanas. De día o de noche, en casas, boliches o en plena calle. Solos o acompañados por amigos que mantienen una actitud pasiva. Demasiado fuerte, demasiado grave.
“Lo que antes era normal, ahora ya no lo es”, se escucha. ¿Alguna vez fue normal tocar a alguien sin su consentimiento, obligarlo y maltratarlo? “Buscan arruinarles la vida”. Por eso, se ruega por la responsabilidad de quien hace la denuncia, para que esta movida no sea utilizada para manchar a alguien en vano. Quien hable, sepa que debe hacerlo con la verdad.
Mientras tanto, se impone una pregunta: ¿Qué vamos a hacer con esto? No puede pasar de largo, no debe hacerlo. No puede quedar en anécdota. Esto pasa acá, en Pilar. Quieran verlo o no.
Tarde o temprano, llega un momento en que los padres de hijas mujeres deben darles una charla, enseñándoles a cuidarse, a defenderse, a no exponerse. Pero, ¿existirán charlas con hijos varones en las que se les enseñe que no es no, que el consentimiento importa? ¿Que no se le puede hacer cualquier cosa a otra persona? Es de esperar que, a raíz de lo que se está viviendo en los últimos días, esas charlas se hayan multiplicado. De la misma manera, en las aulas ya no se podrá evadir el tema.
Es responsabilidad de los adultos formar a las nuevas generaciones en el respeto por el otro. Los chicos no podrán hacerlo solos. 
Esta semana, jóvenes –muy jóvenes- de entre 14 y 20 años, chicas (nenas) de Pilar lanzaron un grito. Nos incomoda y nos lastima los oídos, sí. Pero, ¿las vamos a dejar gritando solas? ¿En serio no las vamos a escuchar?


¿Qué vamos a hacer con esto? No puede pasar de largo, no debe hacerlo. No puede quedar en anécdota. Esto pasa acá, en Pilar. Quieran verlo o no.
 

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