El fenómeno fue creciendo con el tiempo y en la actualidad ya es parte de la actividad económica de los pilarenses: extendiéndose por un largo recorrido –el fuerte está entre los kilómetros 45 y 55-, ese “Colectora Shopping Center” tiene vida propia y funciona casi como un polo paralelo de actividad.
Desde hace más de 10 años, Horacio despliega sus alfombras realizadas con cuero de vaca, variando la ubicación. Vecino de los cachorros, dedicó su vida a los alfombrados, incluyendo casi 40 años en el puerto de frutos de Tigre. “Ahora tengo 73 y estoy jubilado. Si me quedo en casa, ¿qué hago?”, expresa el hombre, que asegura que entre su clientela pilarense se cuentan políticos, jueces y hasta celebridades internacionales como Cameron Díaz (“estuvo en Sheraton Pilar y me compró, sabe hablar un español perfecto”).
El precio oscila entre los 3.500 y los 3.800 pesos. “Es mercadería que nadie tiene”, saca pecho mientras espera la llegada de los clientes.
Facundo, vendedor de frutillas ($150 el cajón), se ubica circunstancialmente en el kilómetro 49,500. “Empecé hace unos 5 años, en este puente pero también en el Pantanetti o Diarco. Vendo frutas de estación y todo marcha bastante bien, la gente para”. Vecino del barrio El Panchito, asegura que “hay que rebuscársela como se pueda, algo tenés que hacer…”. Por eso, se instala desde las 9 hasta las 19 o 20, pasando en su puesto casi todo el día.
También hace alrededor de 5 años, Aldo trabaja al costado de Panamericana, aunque en su caso vende plantas y flores, sumando ocasionalmente muebles de madera. La venta “depende del momento, suelo estar a la mañana. Los fines de semana se vende más, porque la gente sale a los supermercados”. El hombre ofrece jazmines a $200, aunque se lamenta porque “el Municipio viene a sacarme de vez en cuando. Soy jubilado, esto me ayuda, todo suma”.




