OCTUBREANDO

El ser uno y ser otro

Por Redacción Pilar a Diario 4 de abril de 2017 - 00:00

"Hago la lista negra de mis dudas en medio de un país diezmado y no/sé si las cartas que no llegan son violadas como el sueño o las mujeres... (Al amanecer arrecia la lluvia y acaso la tormenta acalle disparos lejanos...) No sé, exactamente, si algún hombre en mi país es buscado en la ciudad con la oculta lámpara de algún ladrón de sueños... (Alguien al borde de un abismo acaso inicie el retrato hablado de un ángel...) Y cuando llega la noche o entro al sueño como a un tren que me saca de un país oscuro, pienso si algún oculto guardián decidiera aplicarme la ley de fuga de los sueños...” Lista Negra.
¿Qué es la poesía? Le preguntaron, y este hombre de ensortijado cabello cano, contestó: "la Poesía es la mera resistencia espiritual”.
José Manuel Roca es un escritor nacido en Colombia, su poesía puede considerarse una vasta reflexión sobre la libertad a través de la imaginación. Los que saben dicen que pertenece a la denominada Generación Desencantada, por carecer de una estética en común. Personalmente creo que en él confluye los eternos Vallejos y Rulfo, con una indudable influencia del surrealismo francés, sin dejar por eso de percibirse en la sólida estructura de su obra el sentir de nuestra América cobriza. Entre los muchos premios recibidos se destacan el Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el de Casa de América.
Roca nos enseñó que la poesía y el cuento son hermanos siameses en lo que hace a la contención del lenguaje y el ascetismo de la palabra, donde no puede haber tiempos muertos como en la novela. El poeta –nos decía- es un simple traductor de sí mismo, como bien dijo Rimbaud "yo es otro”, es recorrerse en sus interiores, existiendo la posibilidad de ser uno y ser varios.
 "Sin saber para quien, envío esta carta en el buzón del viento. Oscuros hombres han merodeado a mi puerta con gabanes abultados por la escuadra de una lugger, y en la noche, mientras leía a mis viejos poetas enlunados, una legión de sombras ha roto mi ventana. No son duendes. No son fantasmas los habitantes de este ebrio rincón del mundo, y sin embargo, nos hemos visto dando nombres propios a un vacío”. Carta en el buzón del viento.

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