Respiró rugby desde los cuatro años. Se entregó de lleno
al deporte desde la categoría Mosquito hasta M19, siempre defendiendo los
colores del Galo. El entorno de Iñaki Benítez Cruz giraba alrededor de la
guinda y el accidente de 2009 borró todo en cuestión de segundos.
Pasó varios años buscando un estímulo que sustituya el
vacío que dejó el rugby, hasta que descubrió la lectura. Encontró una fuente de
inspiración y se largó a la aventura de escribir, de vomitar palabras para
hacer catarsis. Notó que disfrutaba el ejercicio de ordenar y darle forma a las
ideas. Se entusiasmó cuando recibió los primeros comentarios, críticas de
familiares y amigos. Su hermana insistió con que publicara los textos. Se animó
a colgar sus primeros posteos en Facebook y hoy tiene más de 4000 seguidores.
"Soy un chico muy introvertido, bastante callado. No
tengo nada que enseñar, simplemente quiero que la gente se dé cuenta que el
poder cambiar sus circunstancias está dentro suyo”, se presenta Iñaki ante sus lectores.
Iñaki nos recibe en su casa de Del Viso. Vive con su
padre. Su habitación, hecha a nuevo con aporte de lo recaudado en eventos
benéficos, está equipada con una cama especial y todas las puertas de la casa
tienen el doble de ancho de una abertura normal. Necesita espacio para
desplazarse en la silla de ruedas.
Nos da la bienvenida con una sonrisa y se entrega en un
generoso relato. Cuenta cómo fue el proceso de adaptación a la vida después del
accidente, repasa las veces que caminó al borde de un abismo emocional y cómo
recuperó la motivación a través de la escritura. "A quienes me lean, quiero
transmitirles que no importa cuál es la situación que estén pasando, siempre
hay una salida. Escribir es una manera de hacer catarsis. Espero que los demás
puedan disfrutarlo y sacar algo bueno de todo esto, tal como lo hago yo”,
cuenta Iñaki, con la madurez que adquirió en un proceso de 7 años que incluyó,
además de la parálisis, cálculos renales, hemorragias y una perforación de
arteria que lo dejó al borde de la muerte.
"El cambio lo hice en un momento de mucha angustia.
Estaba muy deprimido y un amigo me preguntó si quería matarme. Ahí noté que ni
siquiera eso podía hacer por mis propios medios. Tomé conciencia. No me quedaba
otra que seguir viviendo, así que decidí tratar de sacar algo bueno de lo que
me estaba pasando”, expone.
Cerca de la guinda
Entre la lectura y la rehabilitación, en 2015 Iñaki
encontró otra fuente de motivación: se reencontró con Deportiva Francesa.
Completó los primeros dos niveles del curso de entrenador de la URBA y regresó
a una cancha de rugby como entrenador de la M15. Ahora encara su tercera
pretemporada como director técnico del Galo y asegura que tiene "mucho para
transmitirle a los chicos”. "Me gusta entrenar a los chicos porque siento que
puedo transmitirles mucho. Trato de enfocarme más en la parte humana que en la
deportiva y ayudarlos desde un costado más emocional. Por suerte ellos se
muestran muy receptivos y agradecidos y yo estoy feliz de poder volver a Depo,
un club que en lo deportivo no se destacará, pero que en lo humano es
insuperable”, completa Iñaki.Así, con el teclado como aliado, la escritura,
el rugby y amigos, transcurren los días de Iñaki. Una persona que muestra día a
día que, más allá de las adversidades, creer es poder.