Cumplió sesenta años un clásico de las tijeras del centro

El Gallego Fernández festejó seis décadas como peluquero. Su local es un templo de encuentro para los pilarenses donde predominan las charlas de fútbol y de política.  

10 de abril de 2016 - 00:00

 “Si hubiera sido por elegir, hubiera elegido ser contador, pero no tuve oportunidades y terminé haciendo lo que pude. Y mal no me fue”. El que habla, a 60 años de su primera vez en una peluquería, es Hugo Fernández. El Gallego, para todo Pilar.

El último 5 de abril, cumplió seis décadas de peluquero, de aquella vez en la que, a los 11 años y empujado por su madre, se convirtió en ayudante de Cataldo Mussi, recordado peluquero del barrio Villa Buide.
“Él me enseñó el oficio y estuve casi 10 años, pero cuando llegué no me gustaba. No tenía idea que podía ser peluquero. Cataldo vendía helados en el frente del local pero los chicos que lo atendían se cruzaban para jugar al fútbol y me propuso hacer ese trabajo. Mi vieja me dijo que le pregunte si no me enseñaba y arranqué después de sus vacaciones, un 5 de abril”, recordó Hugo en charla con El Diario.
Con Mussi estuvo 10 años “pero ya a los 18 me di cuenta que por mi escasa preparación era mejor estar en la peluquería que en una fábrica. Y por suerte pude criar bien a mis tres hijos y todos pudieron estudiar”, destacó. 
En 1965 tomó la decisión de independizarse. El primer local estuvo en la galería Gran Pilar (“se llenaba de pibes que se rateaban del colegio y venían a tomar mates”, evocó) y allí trabajó hasta 1972, cuando se mudó sobre la calle Lorenzo López, en actuales instalaciones de El Colonial. “Y desde 1982 estoy acá, en la galería pegada a la municipalidad. Hace 34 años que estoy y hace 30 que no tengo contrato, lo arreglamos de palabra aunque obviamente me hacen recibo”, puntualizó.
El Gallego dice ser ordenado y metódico en todos los aspectos. Y muy memorioso. Y asegura que “debo andar por los 210 mil cortes en mi vida”. “Hago un promedio de 3.300 o 3.500 cortadas por año y si lo multiplicás por 57, porque en los primeros tres años no corté, te da ese número”, argumentó. “Es un orgullo haber atendido a cuatro generaciones de pilarenses”, sumó.

Centro cultural
Para algunos, cortarse el pelo es una cuestión de rutina o ligado al mundo de la moda. Pero para otros es un algo que roza lo “religioso”. Es mucho más que entregarse a las manos (y las tijeras) de otra persona. Es ir a la casa de un amigo para encontrarse con otros amigos y escapar por unas horas a la rutina. Con charlas del presente, recuerdos del pasado y una mirada al futuro
“Quedan pocos pilarenses de los que nos conocemos todos y cuando se encuentran acá se festeja. Vienen buscando eso, a charlar, y lo disfrutan”, confió Hugo. Y a partir de eso, de las historias que se cuentan y se muestran a través de fotos, un par de clientes (Carlos Cabral y Mimo Domenech) se animaron a retitular el local como “Centro Cultural Fernández”. 
“Yo a mis clientes les tengo aprecio, charlamos de todo, ellos se abren a contar hasta cosas muy dolorosas y aprecian que no me olvido”, contó el Gallego. Y dejó en claro que “en mi peluquería se habla de todo, mucha política y fútbol pero de lo único que no se habla es de mujeres separadas y timba”.

- ¿Lo que se escucha en la peluquería no se cuenta?
- El peluquero no habla y mirá que me han contado cada cosa. Por ejemplo, un tipo al que conocía de chiquito me confesó que era chorro y me detalló sus métodos. Otros me contaron con lujo de detalles cómo le robaban a la municipalidad.

-¿Cuál es el perfil de tu cliente?
- Siempre fue del mismo target. A veces me preguntan si noto el achique y acá no se nota. Si tuviera una peluquería como era la de Cataldo, más de barrio, sí lo hubiera sentido pero acá, mi cliente quizás se prohíba de viajar o cambiar el auto pero no de cortarse el pelo.
Con 71 años, Fernández se reconoce como metódico, estructurado, ordenado y un fundamentalista de la amistad. Fanático de Sportivo y Racing, asegura que nunca usó un jean ni le cortó el pelo a una mujer, que llega a su local puntualmente a las 6.30 luego de dar 10 vueltas a la plaza, que no le gusta usar la máquina porque “la pelada es muy burda” y que “me siento reconocido”.

Política
Fernández ha atendido a varios exintendentes del distrito como Alberto Alberini, Jorge Telmo Pérez, Ricardo López Herrero o Daniel Ponce de León (“no era cliente pero alguna vez vino”, apuntó) pero no conoce personalmente al actual jefe comunal, Nicolás Ducoté.
“No lo conozco pero lo primero que le diría es que se rodee de gente de Pilar. Acá hay gente muy valiosa”, señaló. “También me llama la atención que no se haya reunido con comerciantes de muchos años en la ciudad”, añadió.
Como referente comercial de la zona céntrica, durante la charla, Fernández no anduvo con vueltas y planteó que “hay que sacar la peatonal” y “habría que prohibir doblar a la derecha en la plaza para ampliar el pueblo”. “Hay un montón de cosas chiquitas que se pueden corregir sin la necesidad de grandes obras”, remarcó.

-En 60 años, fuiste testigo de todo lo que ocurrió en el centro, ¿no?
- De todo lo que ocurrió alrededor de la plaza, especialmente. Un hecho clave fue cuando achicaron la plaza. Mucha gente cree que eso lo hizo Sanguinetti pero él colocó dos hileras de Ginkgo biloba y un sendero de granza en el medio. El que la achicó fue Raúl Colombo cuando fue interventor y estuvo acertado. Ahora el tráfico es una locura. Hasta el 80 cruzaba la calle sin mirar pero hoy debo esperar dos o tres minutos. 



“En mi peluquería se habla de todo, mucha política y fútbol pero de lo único que no se habla es de mujeres separadas y timba”.


Estilo Gallego
A la hora de hablar de cortes, Fernández se confesó: “mi cliente es clásico. ¿Te digo la verdad? Las cabezas tienen uno o dos cortes y si te salís de eso te queda mal. No hay que salirse de lo que el pelo permite y hay que tener cuidado con los remolinos y la máquina. Me frustra pasarme en algún remolino y la ingratitud de algún cliente.


210
Mil cortes estima haber realizado el Gallego en toda su carrera.



Satisfacciones
“Las mayores satisfacciones que me dio la peluquería fueron haber permitido  que mis tres hijos estudien y haber llevado a mi vieja a España después de 80 años”.


 
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