La enfermera Graciela Fleyta, que hace 19 años encontró en África su lugar en el mundo, volvió a Presidente Derqui. A principios de este mes se instaló en la casa de sus padres junto a sus dos hijos Emmanuel y Milagro, de 11 y 2 años, para atender cuestiones de salud. Desde allí, y debido a sus limitaciones económicas, pide colaboraciones para poder estar más cómoda con su familia.
“Vine por mi salud, tengo que hacerme ver la tiroides y varios estudios y la medicina allá no es buena”, explicó la mujer, de 55 años, que en enero del año que viene volverá a Mindú (poblado selvático a 400 kilómetros de Maputo, capital de Mozambique) donde llegó hace años con la misión de fundar un jardín de infantes, un orfanato y una escuela secundaria con ayuda de una congregación evangélica.
El 8 de marzo, luego de intensas gestiones con juzgados para conseguir el permiso para salir de Mozambique con los niños, papeles demorados y trámites que le hicieron perder el vuelo original previsto para fines de febrero, por fin logró aterrizar en el país.
El recibimiento en el barrio Monterrey fue inmejorable pero más allá de la alegría de sus familiares y amigos por tenerlos de nuevo en Argentina por un tiempo, la modesta vivienda familiar no cuenta con todas las comodidades para recibir a otros tres habitantes.
“Estoy durmiendo en el comedor en una cama de una plaza con Milagro, mi hijo con mi hermano y tenemos la ropa en cajas”, relató Fleyta a El Diario. Actualmente recibe ayuda de iglesias evangélicas que frecuenta pero ésta no es suficiente para adquirir los muebles necesarios. Por este motivo, poder contar con una cama de dos plazas y un ropero sería una gran ayuda para la enfermera.
Recompensa
Desde que llegó a Mozambique en 1997 a través de la Iglesia Evangélica Unión de las Asambleas de Dios, Fleyta aprendió a sortear contratiempos –incluido el contagio de malaria- sin que eso impidiera que su amor por Mozambique y sus habitantes siga creciendo.
Sin dudas, la primera gran recompensa que tuvo su entrega fue haberse convertido en mamá de Emmanuel, que llegó a su vida con cuatro días y del que ya cuenta con la tutela y espera obtener la adopción definitiva en breve.
El nene fue recibido con gran cariño por el colegio Presidente Derqui, donde cursa el 6º año de la primaria. Aunque habla el castellano de forma fluida, su idioma natal es el portugués por lo que tiene algunas dificultades con la escritura. No obstante esto, “en la escuela no hacen ninguna diferencia con él, lo miman, lo tratan muy bien”, destacó la mamá.
Hace dos años, con una historia más compleja a cuestas, llegó la pequeña Milagro. Su madre murió de HIV y ni su papá ni sus abuelas podían hacerse cargo de su cuidado. “Cuando me la dejaron en la Iglesia tenía 8 meses y pesaba 2 kilos, por eso se llama Milagro”, recordó la enfermera.
Tras algunos entredichos con la familia paterna que intentó recuperarla, consiguió que el padre –pese a que se niega a concederle la adopción- la dejara a su cuidado. “Nadie la va a cuidar mejor que yo, el padre está muy agradecido conmigo”, aseguró. Por este motivo, la jueza falló a su favor y permitió que la niña saliera de Mozambique hasta enero próximo.
El calor de los afectos en Argentina no es, sin embargo, motivo suficiente para evaluar un regreso definitivo. “Me siento rara acá –reconoce- y eso que allá pasé de todo, hasta me quisieron meter presa, me casé y no me fue bien, pero los amo a mis negritos”.
Colaboración
Graciela necesita una cama de dos plazas y un ropero para poder instalarse cómodamente con sus dos hijos.
“Me siento rara acá y eso que allá pasé de todo, hasta me quisieron meter presa, me casé y no me fue bien, pero los amo a mis negritos”.