por Fernando Juan Dauría
Cuántas esperanzas y cuánta alegría guardan las ramitas de este generoso árbol mediterráneo, que por casualidad o destino, brillaba como especie junto a típicas Palmas en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
Una especie hija de la familia de las Oleáceas que se ganó párrafos de divinidad en los textos bíblicos y que sembrada junto al trigo y a la vid en cultivos intensivos de esos lares, forman la trilogía mediterránea.
Justamente junto al trigo hacedor de la harina que amasada da origen a nuestro pan, y a la vid cuyos racimos mueren para dar la posibilidad de hacerse vino, ambos empleados por Jesucristo para hacerse sinonimia con su cuerpo y su sangre.
Así, palmeras, vides, trigos, olivos y hasta rústicas higueras del mundo natural fueron partícipes vegetales del andar histórico social de Dios en la tierra, como un verdadero emblema de una pasión de amor, como la del morir para dar la vida.
Cuántos recuerdos han quedado escritos en las huellas recorridas en aquellos años de la década de los 80 cuando formábamos los grupos parroquiales de la Acción Católica y rezábamos en el huerto de los olivos en el fondo de nuestra parroquia, lindero al almacén de Don Fascetti.
Era un lugar bien cuidado por nuestro querido párroco de entonces José Ramón de la Villa, y los seminaristas Jorge Ritacco y Luis Grassi, que nos permitían compartir momentos en Cristo y llenarnos de alegría para salir a misionar por el Pilar de aquellas épocas, formando grupos en verdadera comunión.
Así, como tantas amistades conocí el don de la verdadera amistad en Cristo debajo de un árbol, en este caso de un Olivo.
Después de varios años, la necesidad, ante un Pilar en crecimiento, hizo que desapareciera aquel huerto de nuestro Olivo y diera lugar a cómodos y amplios salones parroquiales.
Por medio de esta nota agradezco desde la tierra a nuestro querido párroco de entonces, José Ramón, por volver a plantar un ejemplar de olea europea u Olivo por fuera de la Sacristía en el cerco que da a la calle Belgrano.
Estos Olivos florecen en primavera con pequeñas flores blancas casi imperceptibles y de cuatro piezas unidas tanto en el cáliz como en la corola, y el androceo formado por dos estambres; y por supuesto son relevantes y necesarios sus frutos: las aceitunas.
Ovaladas con una semilla carozo que siendo comestibles por el mesocarpio, nos proveen de un excelente y nutritivo aceite, siendo verdes en una etapa de cosecha y más avanzados negros, para dar los dos tipos de aceitunas conocidas.
Estos árboles resisten la sequía y el calor intenso, no necesitan poda y resisten bien a las plagas.
Muchas familias de origen europeo establecidas en Pilar por inmigración de comienzos del siglo XX, plantaron olivos junto a sus adoradas huertas como recuerdo vivo de sus genes mediterráneos.
Estimados lectores, está en nosotros y en estos tiempos pascuales, elegir la senda correcta para seguir dando frutos llenos de amor dulce y sincero en esta vida que nos toca construir con verdadera pasión. ¡Feliz Domingo de Pascua 2016 para todo Pilar!