Lo siguiente habría sucedido en Rampur, un pueblo del estado de Kérala, en la India. Eran dos hermanos: Dinesh, el mayor, y Prakash, el menor. Fueron educados en su pequeña casa. Sus padres, humildes trabajadores, ganaban dignamente el pan con el sudor de su frente. Vivían los valores y los inculcaban a sus hijos. Ya sabían que los hijos imitan a los padres.
Estudiaban en una escuela estatal. Eran intelectuales y muy laboriosos. Ayudaban a sus padres: el mayor, en la chacra familiar, y el menor en las pequeñas tareas domésticas.
Ambos crecieron: el mayor, un comerciante y el menor, deportista. Formaron pareja y se casaron: civil y religiosamente.
El mayor progresaba económicamente gracias a la honestidad y valores éticos y morales con que manejaba el negocio. Las ganancias no eran su único fin, como era el caso de otros, llegando incluso a manipular o cometer fraude para alcanzarla. Él solo brindaba un servicio y pretendía recibir recompensa justa por ello.
El menor accedía a cada vez más y mejores categorías y puestos, gracias a sus habilidades deportivas y autodisciplina. Estaba por ir al extranjero con una oferta salarial grande.
Dinesh se enfermó de problemas renales. Cada vez se carcomían más sus riñones y llegó a un estado en que ya no funcionaban. El trasplante de riñón era la solución viable y permanente. Hicieron el pedido. Pero no encontraban muchos donantes. Las personas que se lo ofrecían, no eran compatibles.
Prakash siempre le ayudaba a su hermano mayor, cubriendo los costos de la diálisis, los medicamentos y los avisos publicitarios del pedido de donantes. No le quedaba mucho tiempo para esperar, ya que la situación empeoraba.
Entonces el hermano menor se presentó para someterse a los estudios para ver si sus riñones eran compatibles. Providencialmente, eran compatibles.
Prakash tomó la valiente decisión: donar uno de sus riñones para salvar la vida de su hermano.
Esto significaba hacer un sacrificio enorme: su brillante futuro deportivo en el extranjero con un ingreso monetario inmenso, quedaba en nada.
Uno puede sobrevivir con un solo riñón, pero no puede hacer actividades exigentes como el deporte, ¿verdad?
Por el amor al hermano, donó su riñón, optando una tarea administrativa con un bajo sueldo.
Es también la historia de la vida de Jesús; dio su vida para salvarnos.
No hay amor más grande que el que da la vida a sus amigos (Juan 15, 13).
Si donás sangre, órganos o ayudas a Caritas, también estás haciendo lo que hizo Jesús. Ser cristiano significa comprometerse con el prójimo. Felices Pascuas de Resurrección.
Fm. Plaza
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, “Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: [email protected]