Nelson Mandela pasó 27 años en Robben Island. Los compañeros de prisión atestiguaron que ver a Mandela caminar por el patio interno esbelto y con dignidad fue suficiente para animarlos a permanecer allí por días.
Nuestro próximo líder-presidente debe ser capaz de inspirar. Es importante adquirir habilidades para un liderazgo efectivo. Sin embargo, hay cualidades del corazón igualmente importantes que un líder-presidente debe desarrollar en su vida.
Quienes no son capaces de escuchar con compasión y establecer una relación no deberían estar en la presidencia. Un presidente está llamado a modelar las relaciones a través del diálogo permanente con la oposición para el bien de nuestra nación.
Saber con toda claridad que los miembros de la oposición no son enemigos. En todo sistema democrático, la función ética de la oposición es corregir al Gobierno y desafiar el mejor funcionamiento de las tres instituciones del poder.
El líder-presidente debe respetar sí o sí la independencia del Poder Judicial. También saber escuchar el reclamo del pueblo, a través de sus manifestaciones, cacerolazos y otras protestas. La gente y los medios de comunicación tienen el derecho a reclamar y a opinar.
En la tarea del gobierno, el carácter y la integridad son indispensables. El carácter puede ser definido como el guiarse a sí mismo. Cuando sabes guiarte bien, otros querrán seguirte. Es el fundamento sobre el que se edifica la vida del líder. Todo comienza con el carácter, pues el gobierno opera sobre la base de la confianza. Si la gente no te confía, no te seguirá.
La autoridad de Jesús como líder emanó de una riqueza interior por la oración. Él lideró con su ejemplo: Dijo:- El más grande debe ser el servidor de todos y lavó los pies de sus discípulos (Juan 13,2 -15). El líder-presidente debe vivir el ejemplo.
Esto es lo que el carácter realiza en el líder-presidente: el carácter comunica credibilidad, apareja respeto, crea consistencia y gana confianza. Ahora, para edificar un carácter fuerte, los líderes han de escoger el camino de la disciplina, la seguridad y la identidad personal, convicción, valores y ética personal, es decir, un capital moral.
En resumen: el líder-presidente debería escuchar lo inaudible, su corazón tendría que ver claramente lo invisible, inspirar confianza, vivir lo que predica para ganar credibilidad.
Los invito a pensar cuál de los dos candidatos tiene más de estas cualidades, para elegir al mejor el próximo domingo.