LA COLUMNA DEL PADRE SAYU: ¿Ellos son modelos para nosotros?

1 de noviembre de 2015 - 00:00

 Camilo de Lelis (1550-1614) fue el precursor de la Cruz Roja. Fue unos de los primeros cristianos que valoró en serio el cuerpo humano, cuando la espiritualidad eclesial lo despreciaba por su excesiva influencia del neoplatonismo.

Ayudar a un necesitado a ser feliz era un proyecto importante para él.
La naturaleza había dado a Camilo un cuerpo de gigante. Ocurrió que, cuando caminando un día con un joven, mientras el sol picaba ferozmente desde el cielo, Camilo puso en marcha su fantasía y dijo a su compañero: - Hermano, yo soy muy alto. Camina detrás de mí. Así te haré sombra y te librará del sol.
Así siguieron caminando, ajustando Camilo sus andares a la esfera del sol para que los rayos no atacaran a su compañero. Así Camilo descubrió que amar es dar, dar aunque sea una cosa poco importante como la propia sombra.
Hoy la Iglesia está festejando la solemnidad de todos los santos. Esa muchedumbre de mujeres y hombres hacían obras pequeñas, como Camilo, para ayudar al prójimo necesitado. Realizaban lo que estaban dentro de sus posibilidades para aliviar al hermano sufriente, sin importar la raza ni cultura, ni nacionalidad. Lo hacían con mucho amor. De esa manera amaban a Dios, con actos de amor a los demás. Muchos se inspiraban de la Biblia, especialmente de Mateo 25, 31-47. 
El Papa Francisco dice que los Santos no son superhombres, ni han nacido perfectos. Son como nosotros, como cada uno de nosotros, son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas.
Pero ¿qué ha cambiado su vida? Cuando han conocido el amor de Dios, lo han seguido con todo el corazón, sin condiciones o hipocresías; han gastado su vida al servicio de los demás, han soportado sufrimientos y adversidades sin odiar y respondiendo al mal con el bien, difundiendo alegría y paz.
Los Santos jamás han odiado. Porque comprendan bien esto, el amor es de Dios, pero el odio, ¿de quién viene?,  Viene del diablo. Ellos se han alejado del diablo. Son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás.
Todos nosotros tenemos la herencia de poder llegar a ser Santos en el Bautismo. Es una vocación para todos. Por tanto, todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad como Jesús, practicando las Bienaventuranzas (Mateo 5, 1-12). 

 
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