El arte de fabricar el instrumento más antiguo

Hace 20 años Volker Phoenix llegó a Pilar desde Alemania. Se convirtió en el único luthier de liras del país. Hoy le llegan pedidos de todas partes del mundo.   
 

4 de octubre de 2015 - 00:00

 


por Celeste Lafourcade [email protected]


En el medio de un campo de La Lonja, aislado de la civilización y rodeado de los trozos de madera estacionada que algún día cobrarán vida en un instrumento, habita Volker Phoenix, el único luthier de liras del país.
Nació en Alemania, en un pueblo cerca de Stuttgart, aunque la mayor parte de su vida transcurrió al sur de Múnich, donde conoció a la médica argentina que fue su esposa y madre de sus dos hijos, y el motivo principal por el que en el año 1995 aterrizó en estas latitudes para no irse nunca más. 
Maestro de la pedagogía Waldorff, docente de euritmia, pianista, violinista y flautista, Volker se enfrentó pronto a los infortunios económicos en un país sacudido por la crisis. “A finales de los 90 empecé con la construcción de las liras. Me di cuenta que en ese momento en Sudamérica no había nadie que las hiciera”, contó en diálogo con El Diario acerca de sus inicios en el desarrollo del instrumento más antiguo del mundo. 

-¿Había interés por la lira o quiso innovar?
- Sí, hubo interés. Yo conocí gente que la tocaba pero era complicado conseguirla porque Internet no estaba tan establecido. Y la luthería fue algo que siempre me ha gustado. Empecé en el 97 como autodidacta, pero acá en Argentina encontré varios luthiers que me apoyaron y maderas con una calidad sonora que son difíciles de conseguir en Europa. Investigando un poco, avancé. Claro que al ser autodidacta, los primeros resultados no fueron los mejores. Me concentré en mejorar el sonido, en buscar combinaciones de maderas diferentes, en mejorar la construcción de la caja que es fundamental para la transmisión de la vibración de las cuerdas. 

-¿Qué tiene de particular la lira?
- Lo particular de la lira es que no tiene un sonido apagado. En otros instrumentos cuando no tocas más se termina el tono, en la lira el sonido perdura. 

- ¿El auge de la filosofía zen ayuda a que este instrumento se propague?
-Sí, hay un tipo de música que invita a moverse y su extremo lo conocemos en la discoteca. Hay otro extremo en el que nadie se va a mover. El instrumento típico para bailes si vamos muy atrás en la historia es el aulos, que se usaba en las fiestas dionisias. El otro extremo es la música que uno lleva adentro, los griegos tenían a Apolo tocando la lira. En los últimos años hubo más interés por la segunda. Hay gente que lleva la lira para meditación. Es música para sanación. 

Forma de vida
-¿Cómo es la vida cuando uno se dedica a hacer algo que es una rareza?
- Uno tiene que amar y conocer el valor de este instrumento, entonces uno se adapta a eso. Yo tomé la decisión de dedicarme a la construcción de liras y lo voy a hacer hasta que no pueda trabajar más. Hay que dedicarse, cambiás toda tu vida. 

-¿Le costó adaptarse a Argentina?
- Bastante. La vida acá es diferente y tiene que ver con la ubicación en el hemisferio sur. Toca hasta el metabolismo. En Sudamérica estamos más conectados con la tierra. En Europa estamos separados de la naturaleza. Estoy disfrutando mucho el espacio enorme que tenemos acá, el sol, el aire libre y si uno está independiente como yo lo estoy con mi trabajo, disfruta de la libertad. 

-¿Le interesa volver a Alemania?
- Europa se encuentra ahora en una situación muy difícil. Tenemos una dictadura desde Bruselas. El presupuesto de cada año tiene que ser aprobado por Bruselas y eso ya no tiene nada que ver con la soberanía de un país. Es una forma de dictadura pero tan escondida que muchos me van a decir: “sos loco”. l



El dato
Volker Phoenix es el único luthier de liras del país, según la Asociación Argentina de Luthiers. Le llegan pedidos de Sudamérica, México, EE.UU, Europa y Japón. Para más información sobre sus trabajos: www.liraaurelio.com 


930
Pesos es el costo de una lira pequeña de 7 cuerdas. Una mediana de 27 cuerdas ronda entre los 2.000 y los 3.000 pesos. 
 
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