TRIBUNA DEL LECTOR: Soy docente

16 de marzo de 2014 - 00:00

 


por Fernando J.  D’Auría*

Soy docente de Pilar hace una treintena de años, inmerso entre los 270 mil docentes bonaerenses que en este comienzo del ciclo lectivo se halla haciendo realidad el derecho constitucional a huelga (Art. 14 bis de la C.N.).
Un derecho de todos y para todos que a lo largo de nuestra historia social supimos conseguir con luchas, tratados y con una identidad propia del pueblo argentino. Reclamar, solicitar, gestionar, mediar y acordar han sido acciones conjugadas en el tiempo cronológico del pueblo, por todos los sectores de nuestro país cuando el sueldo no concuerda con el trabajo realizado según cada rol y de su responsabilidad en el cargo, y sobre todo con el costo de vida y otros indicadores económicos, que parecieran no formar parte de nuestro mundo laboral.
Para muchos, seríamos formadores responsables de las nuevas generaciones que solo con vocación de servicio público tendríamos que conformarnos al comienzo de cada mes.
Debemos seguir enseñando aun estando de paro, solicitando un sueldo digno y por condiciones óptimas de trabajo. Seguir enseñando que el derecho a huelga es de todos, que percibir un salario digno también lo es, que desarrollar nuestra profesión en condiciones laborales óptimas colaboran con nuestra seguridad y protección, pero sobre todo las de nuestros alumnos; que las marchas y movilizaciones son respetuosas, llenas de blancos guardapolvos y chalecos, sin cortes de rutas ni calles, que no quemamos nada en la calle para no producir humos tóxicos ni arrojamos personas de los puentes, que nuestras movilizaciones son pacíficas, sonoras al ritmo de tambores y canciones sin agravios.
Salimos del aula, salimos de la escuela, estimado vecino: “¡Algo nos está pasando!”. Cuando un padre o familiar del alumno viene a la escuela, a sus aulas, algo le está pasando y son atendidos cordialmente por nosotros, ahora es nuestro tiempo de: ¡Algo nos está pasando!
Entregas de petitorios y firmas educadas, pedir paritarias desde mediados del año anterior y no ser escuchados hasta los inicios del año siguiente, sabernos necesitados por la sociedad toda, ya que elegimos la noble tarea de transmitir conocimientos válidos en cada acto educativo, pero que también somos trabajadores del Estado, con nuestros derechos y obligaciones.
Cuando estudiamos para ser docentes, soñábamos con adquirir esa mágica didáctica que nos permita ser entendidos por nuestros alumnos, y así ellos pudieran acceder al conocimiento. Eso es lo que necesitamos hoy y solicitamos a la sociedad toda: ¡Entiéndannos, respeten nuestro derecho a huelga! Sentirnos desacatados por no acatar la conciliación obligatoria nos hace sentir no comprendidos, no escuchados, no partícipes del mundo legal de los derechos de todo ciudadano, y eso hace mal a nuestra profesión docente.

Estimado lector, sencillamente como docente le solicito que repiense su mirada crítica hacia nuestra medida de fuerza.

*Profesor y director  de la BS Nº 19.
 
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