La derquinidad al palo

Esta semana, Presidente Derqui cumplió 40 años desde que adquirió el estatus de “ciudad”. Lo determinó la Provincia en 1974. Historias de crecimiento y pertenencia según sus vecinos.

2 de noviembre de 2014 - 00:00
Segunda localidad del distrito por su densidad poblacional, primera -por lejos- en el ranking de la pertenencia: el miércoles, Presidente Derqui cumplió 40 años como “ciudad”, luego de que la Provincia así lo determinara allá por 1974.
De aquellas calles de tierra, del pueblo en el que todos se conocían entre sí, hasta llegar a esta realidad de barrios populosos, han transcurrido muchas historias, ya sea de comerciantes, deportistas, políticos, profesionales o docentes que han mantenido la derquinidad al palo.
“Es mi lugar en el mundo, donde tengo las raíces de familia y amigos, es  donde me crié”, expresa Víctor Koprivsek, incansable promotor de la cultura. “Mi actividad está alimentada por la mítica de este lugar”, agrega.
Además, el Negro Víctor señala que hablar de Derqui “me emociona mucho, todos andamos por la vida encontrando ese rincón para vivir, formar una familia, y yo lo encontré acá. Siempre estoy volviendo, como diría Pichuco. Estoy feliz de vivir acá”.
Derqui es la estación Toro, es la plaza, es el Indio Fleyta sacando a los chicos de la calle para enseñarles a jugar al fútbol. En ese micromundo, Omar Boragno está al frente de su panadería hace 54 años: “Nací en Mercedes pero me siento muy derquino. Para mí es el mejor lugar. Ha crecido mucho en lo poblacional, pero no tanto en obras y servicios”.
Sobre esto, el vecino indica que la ciudad “no tiene cloacas ni agua corriente, le hace falta más asfalto y más salidas, como el acceso a Del Viso, que es un proyecto de hace muchos años. Igual quiero morirme en Derqui”.

Retrospectiva
Paradójicamente, cuando Derqui fue declarado ciudad, tenía muy poco o directamente nada de las grandes urbes. La iniciativa se concretó mediante la Ley Provincial Nro. 8293, a partir del proyecto de ley de la senadora justicialista Egle Odilia Amoreo. Su padre tenía junto a su tío una fábrica de soda en el distrito.
“Vine muy chiquita, justamente en 1974. Era todo campo y mi papá compró los terrenos en El Triángulo. Teníamos que ir a buscar agua a un aljibe”, confirma Inés Ricci, actual directora de Higiene Urbana de Pilar.
“Es interesante que al momento de hacerse el proyecto Derqui haya sido muy chico –expresa el historiador Alberto Allindo-, con muchos menos habitantes y sin tantos barrios en su periferia. Seguramente fue un motivo de declaración política de ese momento, poco tiempo después de la muerte de Perón”.

Fanáticos

Derqui es el recuerdo de Norberto Fulco, médico que atendía sin pensar en el bolsillo; es la pasión por el básquet, vivida por hombres y mujeres; es el deseo de autonomía que va y viene con más o menos fuerza a través del tiempo.
¿Qué tiene la ciudad que enamora tanto a sus habitantes? Ninguna otra localidad de Pilar despierta ese sentido de pertenencia entre sus habitantes, algo comparable a lo que sucede con los rosarinos y su Rosario intocable.
“Somos muy fanáticos de nuestro pueblo –reconoce Koprivsek-, creo que es un sentimiento de pertenencia general, de identidad local. Los derquinos somos los más fanáticos de nuestra tierra”.
Por su parte, Inés Ricci opina que “mucha gente está desde siempre, nació acá. Conocimos los cambios, las mejoras, vamos a los clubes... Por eso hay tanto arraigo y queremos tanto a la localidad. Las plazas tienen juegos y están llenas de chicos jugando, me emociona. Derqui es demasiado nuestro, preferimos manejar nuestras cosas nosotros”.
Y agrega que la localidad cumple a rajatabla el dicho “pueblo chico infierno grande. Es como una familia, con algunos no estamos de acuerdo pero convivimos”.


“Somos muy fanáticos de nuestro pueblo. Creo que es un sentimiento de pertenencia general, de identidad local”. VÍCTOR KOPRIVSEK.


“Cuando se lo declaró ciudad, Derqui era muy chico, con muchos menos habitantes y sin tantos barrios”. ALBERTO ALLINDO.


“Ha crecido mucho en lo poblacional, aunque no tanto en obras y servicios. Pero igual quiero morirme en Derqui”. OMAR BORAGNO.


“Conocimos los cambios, las mejoras, vamos a los clubes... Por eso hay tanto arraigo y queremos tanto a la localidad”.
INÉS RICCI.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar