En 1997, las paredes de Buenos Aires se empapelaron con la frase “cambia la historia del rock nacional”, eslogan pretencioso que causó el efecto deseado creando incertidumbre. El misterio se develó ante la aparición del décimo disco de Los Fabulosos Cadillacs, que no cambió la historia del rock pero sí la de la banda. La primera sensación para los fans fue de desconcierto: un disco más “raro”, con incluso gotas de jazz y fusión mezcladas con funk, hard y ska. Con Flavio Cianciarullo tomando las riendas, Ariel Minimal como miembro estable y la muerte como concepto, en “Fabulosos Calavera” los Cadillacs dejaron el carnaval para otro momento, cambiando su sonido años antes de su separación. La fiesta volvería: diez años más tarde se los vería tocando nada menos que en River, pero con Pablo Lezcano, de Damas Gratis.
