Récord de venta de caña con ruda para ahuyentar los males

Es tradición del 1º de agosto beber una copa de esa bebida para garantizar la buena salud. El bar "El Laucha" sigue con la costumbre y vendió 40 botellas en dos horas.

1 de agosto de 2013 - 00:00

Como cada 1º de agosto, los vecinos más tradicionalistas pasaron por el bar “El Laucha” para tomar la correspondiente caña con ruda en ahuyentar los malos espíritus y garantizar la buena salud.

Este año, la venta de botellas se disparó hasta alcanzar un récord. Según Tito Lucas, propietario del histórico bar, a las 9 de la mañana ya llevaba vendidas 40 de las 45 botellas preparadas.

“Ha venido gente nueva, pasaban para trabajar y se tomaban una copita”, explicó Tito. “La tradición se compone en la fe que uno tenga. Yo tomando esto no me enfermé en todo el año”, aseguró.

El próximo mes de octubre, el tradicional boliche ubicado en Venancio Castro y Pelagio Luna cumplirá 60 años. Cabe destacar que es uno de los pocos lugares que mantiene por estas latitudes la tradición popularizada en el Litoral.

 

Origen de la tradición

La costumbre popular indica que la ingesta de caña con ruda limpia los males y protege a quien la consume. Así, la bebida busca espantar los males del invierno y también prepara el cuerpo para los ardores del verano.

De todas maneras, la designación de la fecha está emparentada con la festividad de la Pachamama originaria del Noroeste dado que precisamente es el 1º de agosto el día que se honra a “La Madre Tierra”, fuente de fertilidad en los campos y la buena cosecha.

Por otra parte, la costumbre de ingerir caña con ruda tiene su origen en la cultura guaraní del litoral del país y se cree que el rito nació en la época de la conquista a partir de las condiciones climáticas que presenta el mes de agosto.

En consecuencia, los chamanes se abocaban a la preparación de medicinas hechas a base de hierbas y licores para paliar la situación. Los guaraníes fueron los primeros en descubrir las propiedades medicinales de la ruda macho, vegetal que a su vez carga con buena fama si de repeler las malas ondas se trata.

El cruce de las dos tradiciones, tanto la litoraleña como la del noroeste argentino dieron como resultado la costumbre que hoy continúa vigente en buena parte del país, entre ellas Pilar. 

 

 

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