En tiempos de campaña, un repaso por las elecciones de antaño

En Pilar, fueron anuladas las elecciones de 1823 por “ilegales”. Carlos Luexes y Zoilo Díaz, vecinos elegidos en 1869. Voto cantado, fraude y comicios definidos por la violencia. Hasta nuestros días.
 
domingo, 14 de julio de 2013 · 00:00

 

por Alberto Allindo

 

Se vienen las elecciones en nuestro país. Buen hábito ciudadano que tenemos desde hace varios años y pese a todo lo que siempre digamos, certero es advertirles a nuestros jóvenes que ha costado mucho este saludable modo de convivir políticamente en Argentina.

No vamos a referirnos a la actualidad porque no es nuestra impronta ahora, pero sí a aportar dos referencias históricas para nuestro distrito que nos ayudarán a describir prontamente nuestro pasado eleccionario y los contrastes sociales. Son normas que regulan actos eleccionarios de los años 1823 y 1870.

 

Voto cantado y “fraude patriótico”

Luego de la Revolución de Mayo, la primera ley electoral que se sancionó en nuestro país fue en el año 1821 en la entonces Provincia de Buenos Aires, durante el gobierno de Martín Rodríguez, bajo la influencia de su ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia. Como no podría ser de otro modo en aquellos años, esta ley establecía el sufragio universal masculino y voluntario para todos los hombres de nuestra provincia y solo se podía ser electo si se era propietario. Su alcance fue limitado, ya que como dicen las estadísticas, sobre una población de 60.000 personas, en la primera ocasión, sólo emitieron su voto unos trescientos varones.

De esos patricios años, tenemos documentado el decreto Nº 125 de la Provincia de Buenos Aires, de fecha  24 de abril de 1823, por el cual se anulan las elecciones practicadas en el Partido Del Pilar, por considerárselas “ilegales”, sin otro detalle.

Genera para este escriba una curiosidad enorme y una pregunta que nos obliga a perseverar en la investigación.

 

Primeras leyes de sufragio

Prosiguieron estas dudosas elecciones, hasta que en 1853 se dicta la Constitución Nacional, la que increíblemente no regula mecanismo alguno de sufragio. Es por ello que años más tarde, el Congreso de la entonces Confederación Argentina, sanciona la Ley 140 de 1857, siguiendo la “doctrina de la pureza del sufragio” o voto calificado. Se estableció que las condiciones para su emisión eran, ser mayor de 21 años y cumplir con los celosos requisitos de ciudadanía. Se impedía por ese motivo, por ejemplo, la emisión del voto a todo aquel ciudadano de sexo masculino que fuese sordomudo y a los funcionarios eclesiásticos.

El elector votaba por una lista de candidatos y la que obtenía simple mayoría de votos se adjudicaba la totalidad de las representaciones. Así la lista más votada obtenía todas las bancas o puestos ejecutivos en disputa y la oposición se quedaba prácticamente sin representación política.

El voto podía emitirse en forma verbal o por escrito. En el caso, si la elección del mecanismo era en forma de papel, la autoridad de mesa lo leía en voz alta, y escribía en una lista o cédula. La emisión del voto a viva voz podía provocarle graves inconvenientes al votante que iban desde la pérdida de su empleo o la pérdida de la propia vida si su voto no coincidía con el del caudillo que dominaba su circuito electoral.

El acto duraba tres días, donde en el primero, a partir de las ocho de la mañana, se reunían en las iglesias las “asambleas electorales”, formadas por los propios ciudadanos habilitados para votar. En estas asambleas se elegían a las autoridades de mesa. Una vez seleccionados los ciudadanos como autoridades de mesa, se procedía a la votación, que duraba hasta las cuatro de la tarde. Los días subsiguientes, el horario de votación se establecía entre las nueve de la mañana y las cuatro de la tarde. Huelga señalar que en los días de elecciones, los gobernantes de turno hacían valer las libretas de los muertos, compraban votos, quemaban urnas y falsificaban padrones.

Eran épocas de violencia y fraude. Cuenta Sarmiento en una célebre carta a su amigo Domingo de Oro, fechada el 17 de junio de 1857 y refiriéndose a las elecciones de ese año: “Nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror que, empleados hábilmente, han dado este resultado admirable e inesperado. Establecimos en varios puntos depósitos de armas y encarcelamos como unos veinte extranjeros complicados en una supuesta conspiración; algunas bandas de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad, acuchillando y persiguiendo a los mazorqueros; en fin: fue tal el terror que sembramos entre toda esta gente con estos y otros medios, que el día 29 triunfamos sin oposición”.

Esta ley fue modificada por la Ley 207 del 1º de julio de 1859, que estableció en el país el sistema de lista completa y el voto público, pero no obligatorio. Para emitir el voto, se realizaban las asambleas electorales, pero ya con un régimen previo establecido. El acto eleccionario se redujo a un sólo día. Sufrió alguna reforma en 1863 y en 1866, pero sin grandes modificaciones.

 

Elección de 1870

De esta época, tenemos otro antecedente para nuestro Pilar. Se trata de la Convocatoria a elecciones para diputados del año 1870, en plena presidencia de Domingo Faustino Sarmiento. Se llevarían a cabo el 1º de enero de 1870 (si amigo lector, está leyendo bien, ¡el primero de año!) y se elegirían siete diputados para el Congreso Nacional.

El procedimiento comenzaba con el voto en la Asamblea General de los poderes Legislativo y Judicial para elegir a los ciudadanos que iban a presidir en cada distrito las mesas electorales. Dicho acto, para esta oportunidad, se produjo en la Legislatura Provincial el 29 de octubre de 1869 tanto para la Ciudad de Buenos Aires como para la “campaña”. Por Pilar fueron elegidos: “…titulares: los propietarios Carlos Luexes, Zoilo Díaz y suplentes, Manuel Peralta y Ciriaco Irrazabal..,”. Para nuestro interés, Aldo Beliera nos enseña que tanto los Sres. Luexes como Díaz, figuran como integrantes de la comisión directiva de la obra de edificación y terminación del templo de Nuestra Señora del Pilar por el año 1856, lo que nos señala su evidente sentido de pertenencia social y política al pueblo de Pilar por esos años.

Según el Registro histórico de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, en aquella elección fueron elegidos por Buenos Aires los diputados Mariano Acosta, Eduardo Costas, Juan S. Fernández, Octavio Garrigos, José María Gutiérrez y José Ocantos.

Este ilegítimo sistema electoral, estuvo vigente hasta 1912, con la sola excepción del período comprendido entre 7 de enero de 1903 y el 24 de julio de 1905, lapso durante el cual se aplicó el sistema uninominal por circunscripciones. La emblemática ley 8871, conocida como “Ley Sáenz Peña”, publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina el 26 de Marzo de 1912, estableció la lista incompleta combinada con el secreto y la obligatoriedad del sufragio y el mecanismo plurinominal. Aunque seguía siendo exclusivo para nativos argentinos y naturalizados masculinos mayores a 18 años, la Ley Sáenz Peña marcó el comienzo del camino hacia la auténtica democracia en nuestra Patria, al eliminar el escandaloso fraude con el que se manejaban los cuadros políticos hasta entonces. 

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