por Alejandro Lafourcade
por Alejandro Lafourcade
Sábado 4 de julio de 1998. Por la mañana,
La noche anterior, un grupo de amigos se reunió para vivir la víspera del encuentro y presagiar lo que podía ocurrir con el equipo: no sabían que allí mismo se estaba gestando un rito que 15 años más tarde seguiría tan firme como la primera vez.
El lugar es el mismo: la casa de Antoine Tono Aón, comerciante de Pilar propietario del histórico local
Aquella reunión fundacional tuvo alrededor de la mesa a unos ocho o diez amigos, número muy diferente a los alrededor de 25 comensales que llegan cada viernes con el objetivo de pasar un buen rato. La cantidad se incrementa sobremanera en fechas como fin de año o el Día del Amigo, cuando los presentes pueden ser, sin temor a exagerar, 70 u 80, una verdadera multitud.
Algunos de los “habitué” son, por supuesto, el dueño de casa y su hijo Germán; pero también vecinos como Oso Tomasei, Antonio
El anfitrión
“Yo me voy a dormir y ellos se quedan, en ese sentido tienen una libertad absoluta”, afirma Tono y en efecto es así: pone sus instalaciones al servicio de los amigos, más allá de los horarios.
En el televisor hay fútbol, Vélez le gana a Quilmes, pero casi nadie le presta atención: están allí para charlar y en eso permanecen enfrascados. “Se habla de todo un poco –dice Aón-: política, fútbol, automovilismo… pero no hay discusiones, nunca se pasa del límite, si alguno levanta la voz todo queda nada más que en eso. Nunca tuve que poner límites”.
Como cada grupo, los roles están delimitados en algunos casos; así, Santiago Vázquez es el más gracioso, Germán Aón el más discutidor y Tomasei es uno de los más charlatanes. Algunos son más callados y escuchan más de lo que hablan, pero todos a su manera pasan un buen momento.
Tono asegura que nada impide las reuniones: “Nos juntamos siempre, aunque sea feriado. Nadie tiene otro plan un viernes, y tampoco hace falta invitarlos, ya saben que tiene que venir acá. La familia no dice nada, todo lo contrario, mi mujer nunca tuvo problemas y estamos muy a gusto recibiéndolos”.
Y agrega con respecto a los invitados, prácticamente “NyC” en un 100%, que “a todos ya los conocía de antes, pero con algunos hubo más acercamiento del que teníamos. En cambio, con otros nos conocemos desde chicos. El clima siempre es muy bueno, algunos vinieron por primera vez y después no faltaron más”.
Por otra parte, anticipa que “el día que yo no esté lo continuará Germán”, pasándole a su hijo la posta simbólica.
Habitués
Cuando el menú es asado, el puesto de parrillero puede ir rotando. Sin embargo, la mayoría de las veces –sobre todo en los meses más fríos- la responsabilidad de la cocina recae en Carlos De Battista. “En invierno –indica- se suele cocinar en la hornalla, como arroz con pollo, estofados con papa y batata, lentejas, mondongo y hasta spaghettis con frutos de mar. El resto del año, la cena clásica es un asado”.
Algo no cambia: El Vasco Izpizúa es el encargado de hacer las compras. El cocinero agrega que “más allá de cuántos vayamos a ser, calculo de manera tal que si un día faltan comensales sale el plato un poco más cargado. Todo lo que se compró se cocina”.
Mientras sirve arroz con pollo con el cucharón, Carlos señala que el de los viernes “es un grupo muy heterogéneo, en edad y ocupaciones, pero son todas caras conocidas. Yo casi siempre cocino para todos estos h… de p… que están jugando al truco”, suelta y provoca las carcajadas de todos.
A su lado, El Oso Tomasei comenta que “los creadores son Tono y Germán, pero con el que se quiera sumar no tenemos inconvenientes, nadie se queda sin comer”.
Los platos comienzan a vaciarse y la sobremesa se extiende, pero no para todos: lejos de haber un horario fijo, algunos de los invitados se quedarán hasta cerca de la 1; mientras que otros partirán a las 23 o algunos minutos más tarde.
“Ni siquiera hace falta que esté Tono –destaca Tomasei-, que se levanta y se va a dormir un rato antes de las 23. Siempre fue así, desde el principio, es algo muy ameno y muy especial”. Y no duda en afirmar que “es lo mejor que hay, compartir un momento con gente amiga”.
Se terminó el arroz con pollo, la tele ya no transmite fútbol y llega el momento del brindis con champán: se celebra un cumpleaños y por supuesto no falta la torta.
Luego de la sobremesa, los pocos que quedan se despiden. Será hasta el próximo viernes, a la misma hora y en el mismo lugar.