Cuando los guardianes de la moral también acechaban en Pilar
por Alejandro Lafourcade a.lafourcade@pilaradiario.com
Recordada por su nivel de violencia ante toda manifestación política u opositora, la última dictadura militar –como otros gobiernos de facto- libró también una batalla contra la cultura, ejerciendo una firme actividad de censura, en muchos casos con consecuencias trágicas.
¿Cómo se vivieron en Pilar aquellos años de oscurantismo? ¿Hubo restricciones reales y manifiestas sobre los personajes de la cultura y los vecinos en general? He aquí algunos testimonios y documentos que intentarán arrojar un poco de luz sobre lo acontecido en aquellos años.
Libros peligrosos
En 1982 (intendencia de Ricardo López Herrero) fue promulgada la Ordenanza 44 de ese año, nada menos que el código de contravenciones de Pilar, un extenso manual que abarca prácticamente todos los aspectos del devenir del distrito. Precisamente, el texto está en la actualidad en período de actualización.
Su Título VI es el referido a “Moralidad”: en el artículo 225º, fija una multa de hasta 40 sueldos municipales “por vender, hacer circular o distribuir libros, revistas, impresos o publicaciones que a criterio del Departamento Ejecutivo sean susceptibles de afectar la moral”.
Ya en ese entonces, el comerciante Alfredo Ventura trabajaba en el mítico kiosco de Néstor Paladino, ubicado en Independencia y Belgrano. Allí se vendían libros y revistas en grandes cantidades, “pero en la dictadura los mismos editores nos mandaban las listas de aquellos títulos que ya no podríamos seguir vendiendo”, recuerda en diálogo con El Diario.
“Una vez, sin darnos cuenta, quedó en el local uno de los libros prohibidos, no recuerdo cuál era ni el autor. Pero, un día, por el centro de Pilar circulaba un camión lleno de militares, controlando algunos comercios. Se bajaron en lo de Paladino y se pusieron a revisar: ahí descubrieron que teníamos un ejemplar de ese libro que se nos había filtrado”. ¿El resultado? Sin dudarlo, los militares lo subieron a Néstor Paladino al camión y se lo llevaron.
“Nosotros mandábamos todos los días el diario a la Fábrica Militar, por lo que mientras proseguía la recorrida del camión, llamamos al lugar para explicarles que sólo éramos diarieros, que no teníamos nada que ver con nada”, comenta Ventura, y agrega: “Nos fuimos con Marta -la mujer del comerciante- a la comisaría, donde pocos minutos después llegó el camión”. Cuando bajó Paladino, los llamados habían hecho efecto y el asustado diariero fue dejado en libertad.
El telón
De la misma manera, el artículo siguiente de la ordenanza castiga “por exhibiciones cinematográficas, circenses, teatrales o de cualquier otra índole, calificadas de prohibidas por el Departamento Ejecutivo: hasta 50 sueldos de multa y hasta tres días de clausura”. Y se ocupa de “la permanencia de personas en actitudes incorrectas en las salas de espectáculos públicos”, con hasta dos sueldos de multa.
Si alguien sabe de teatro en Pilar es Jorge “Titi” Villar. Consultado sobre lo ocurrido en esos años, comentó que “en la época de López Herrero yo renuncié a la dirección del teatro municipal, pero nunca tuve inconvenientes”. Y agregó que “durante la presidencia de Onganía, el intendente era Nicolás Ruiz Guiñazú, pero hicimos obras de tres autores prohibidos. Es más, vino uno de ellos, Agustín Cuzzani, subió al escenario de la Escuela 26 y lloraba, no lo podía creer. Fue un acto de cierta impericia de mi parte, podría haber costado muy caro”.
Según el director, “tuvimos la suerte de que acá no haya habido militares como intendentes, más allá de que Ruiz Guiñazú o López Herrero eran más reaccionarios. Pero eran civiles, gente conocida. Aunque no coincidía con sus ideas, no tuve problemas”.
Sin embargo, añade una anécdota: “En una época, una de nuestras actrices era policía y vino a decirme que tuviera cuidado, porque había visto mi nombre en una lista. Hablé con (Gregorio) ‘Pocho’ Ferrá, que era funcionario, y me pidió que por las dudas me ‘rajara’ unos días. Me fui a Capilla del Señor, pero averiguaron y me dijeron ‘quedate tranquilo que no pasa nada’. Ese fue el único episodio que tuve. Seguramente me habrán investigado, pero nosotros hacíamos teatro…”.
Libertades
Nobleza obliga, vale una aclaración: los muchos o pocos hechos de censura recordados por los entrevistados no fueron obra de vecinos pilarenses en forma directa. “Eso pasaba a nivel nacional, pero en Pilar generalmente la cultura trabajó con mucha libertad. Simplemente que la actividad cultural era mucho menor a la actual”, afirma Gerardo Taroni, actor y director teatral que fue funcionario de la intendencia de Daniel “Beto” Ponce de León (1976-1981).
“Por ocuparme de los barrios y las sociedades de fomento conocí al padre Carlos Mujica, con quien tuve grandes charlas”, recuerda. Aunque también hubo problemas: “Por esa misma actividad, militares me llevaron frente a Mario Benjamín Menéndez. Me salvó un sacerdote que me conocía de Pilar”.
No obstante, el apartado sobre moral también incluye lo referido a la admisión de menores de 18 años en “lugares de diversión nocturna”. Asimismo, condena la prostitución fijando una multa de hasta diez sueldos “por la permanencia habitual o periódica o el desempeño evidente de alternadoras (sic) en bares, confiterías, bailables, y locales afines o no autorizados expresamente”.
Lo referido a la cultura, al qué leer, al qué mirar, adónde ir, sigue en vigencia al menos hasta que se reforme la ordenanza. Desde ese momento, algunos artículos ya solo se convertirán en recuerdos de una época que –afortunadamente- ya pasó.
La frase
“Una de nuestras actrices era policía y vino a decirme que tuviera cuidado, porque había visto mi nombre en una lista”, recuerda
Jorge “Titi” Villar.
Ojo al verano
En su apartado de “Moralidad”, el código de contravenciones de Pilar fija penas de hasta un sueldo de multa “por uso de la indumentaria de baño en la vía pública, transportes públicos o en locales comerciales”.