El hombre que mueve las agujas

Carlos Catania imitó el mecanismo del primer reloj mecánico del siglo XIV. Es el único fabricante en el país. Sus creaciones ruedan por el mundo. Uno se expone en el MOMA de Nueva York. 

24 de noviembre de 2013 - 00:00

 Desafiando el mandato familiar que esperaba para él una próspera vida detrás del mostrador de una panadería, Carlos Catania siguió su instinto. Desde el colegio primario un gusto inexplicable por la carpintería se presentó imperioso y en la adolescencia la curiosidad se convirtió en acción. 

Cuando todavía no había cumplido 20 años, el artesano radicado en Del Viso se sumergió en el mundo de la relojería medieval. Días de trabajo mediante logró replicar el funcionamiento basado en engranajes, pesos y poleas de los primeros relojes mecánicos, que datan del 1320.
Hoy, es el único fabricante del país de este tipo de piezas artesanales, muchas de las cuales llegaron a ciudades remotas. 
“Es algo exótico, lo que más llama la atención es ver los engranajes en movimiento, es la síntesis de la relojería”, afirma Catania al buscarle una explicación al éxito de sus creaciones que lo tomó desprevenido.

Historia
“Cuando tenía 16 años –recordó-, a la vuelta de mi casa en Saavedra, había una carpintería donde me dejaban ir a practicar dos horas por día, una vez apareció una foto de un reloj antiguo y me preguntaron si me animaba a hacerlo”.
La respuesta fue afirmativa sin intuir entonces que la relojería se convertiría en su medio de vida durante más de dos décadas. “Hice ese reloj que quedó colgado y lo vio una señora que tenía una casa de regalos y me encargó varios, así empecé”, explicó.
El trabajo lo llevó a interiorizarse en la historia de estas piezas, nacidas en el siglo XIV, que hoy explica con devoción: “Es el primer antecedente del reloj mecánico, el problema es que atrasaban entre 10 o 15 minutos cada 24 horas. En el siglo XV el hombre empezó a necesitar más precisión y se desarrolló el movimiento pendular que logró darle más exactitud”.
Al igual que la Historia, Catania también logró perfeccionar sus relojes de una sola aguja capaces de cumplir su función casi a la perfección. “A través de los años fui ajustándolos cada vez más y logré que atrasasen o adelantasen no más de 5 minutos, pero me llevó más de 20 años”, explicó el hombre cuyas creaciones “en un 80% son compradas por extranjeros”. 
Con el tiempo, el artesano fue interesándose por nuevas ramas del mundo de las agujas. “Logré hacer relojes de mesa con cuerdas (datan del siglo XV), relojes de arena y de sol, de bolsillo, para los viajeros”, contó el artesano. 
Cuando el turismo internacional empezó a mermar, en la década del 90, y con una familia a cuestas, el rebusque lo llevó a optar por los relojes a pila. “Compraba la máquina y hacía la carcaza, siempre en madera, eso me llevó a ir dejándolos para empezar con otras artesanías”, relató.

Por el mundo
Países como Japón, Arabia, Alemania, Estados Unidos e Italia, cuentan con réplicas de relojes del siglo XIV hechos por Catania. 
La feria de Plaza Francia, en la ciudad de Buenos Aires, en la que participa sin interrupciones desde el año 1984 fue fundamental para dar a conocer sus trabajos. 
Hasta allí llegó a mediados de los 90 una mujer que, sorprendida con sus creaciones, lo puso en contacto con el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), uno de los más prestigiosos del mundo. 
“El MOMA me compró un ejemplar que hoy es patrimonio del Museo”, aseguró el delvisense para agregar que “adquirieron una artesanía de cada país latinoamericano y por Argentina fue el reloj”. 
El próximo viernes, Catania expondrá uno de sus relojes en una muestra organizada por el Museo de Bellas Artes de Luján. 


Artesanías
La pasión, entre los libros y los juguetes
En la actualidad son los juguetes de madera los que se roban las horas de Carlos Catania en su taller de Del Viso. Réplicas de antiguos ejemplares aunque con su toque personal que luego son expuestos cada fin de semana en la feria de Plaza Francia, en la ciudad de Buenos Aires. 
“Hoy es lo que me divierte, para mi tiene que ser así porque para no divertirme me voy a trabajar a una oficina”, afirma, contundente. 
Otra porción de su tiempo se la lleva la literatura. Su libro de cuentos “Grito silencioso” ya vio la luz, al igual que el que escribió junto a un grupo de escritores locales sobre los 80 años del Club Unión de Del Viso. Un proyecto que, asegura, reafirmó su pertenencia a la localidad en la que eligió vivir hace dos décadas. 
“Compré mi casa por una cuestión bastante poética, por un árbol que tenía”, rememoró el hombre que llegó de Saavedra escapando a las inundaciones. “Mi papá siempre me traía de chico a Del Viso y cuando tuve que buscar un lugar para vivir, fue el primero que pensé”, concluyó.
 
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