Sin techo, un chico autista y su familia podrían quedar en la calle

Llegaron desde Corrientes por el tratamiento para Luciano. Los bajos ingresos y sus necesidades no les permiten pagar un alquiler. La policía los desalojó de un terreno que les habían cedido.

1 de noviembre de 2013 - 00:00

La familia Verón llegó hace tres años desde Corrientes en busca de un tratamiento que mejore la calidad de vida del menor de sus integrantes, que sufre autismo con autoagresiones severas.

Según sus padres, Pablo y Liliana, Luciano de 13 años encontró su mejoría y su familia asegura que su situación cambió completamente: ya no se agrede como antes y la relación con su familia es cada vez mejor.

Pero hoy ellos se enfrentan a una situación desesperante, no cuentan con un techo estable y los bajos ingresos no les permiten afrontar el pago de un alquiler. Mientras que las alternativas de poder acceder a un terreno donde construir, por ahora no les son accesibles.

Aseguran que sin explicación, la policía los desalojó de un predio del Organismo Nacional Administrador de Bienes del Estado (ONABE) que habían tramitado legalmente.

Y aún esperan respuestas desde la dirección de Tierras del Municipio, área a la que aseguran llegaron con una nota de puño y letra del propio intendente Humberto Zúccaro.

Pablo trabaja como empleado municipal de Escobar, empleo que consiguió a través del Gobierno bonaerense, por intermedio de un pedido al Gobierno nacional en una visita de la presidenta Cristina Fernández a Corrientes.

“Cuando el contrato de alquiler aumentó, tuve que sacar un préstamo para poder renovarlo”, explicó el papá de Luciano, que contó que su sueldo de 2.400 pesos apenas sí le alcanza para pagar las deudas del préstamo y el alquiler es de 2.169, más impuestos y servicios.

 

Desalojo

Al ver que el mes se le terminaba y no podría pagar el alquiler del siguiente, Pablo y Liliana averiguaron a quienes pertenecían los terrenos de la vieja estación de trenes del Urquiza. Así, acudieron al ONABE y solicitaron que les cedan un espacio.

La respuesta al pedido fue transitoria, pero positiva y el otorgamiento oficial quedó en trámite, pero ellos ya tenían un legajo en el ente.

A principios de octubre, comenzaron a armar una pequeña casilla en el lugar con maderas que Pablo consiguió en su trabajo. Y hasta allí llevaban a Luciano todos los días para que se familiarice con la zona. “Los cambios le hacen muy mal”, explicó su madre.

Un día después, la policía llegó al lugar y ellos les presentaron el pedido y el número de legajo, los llevaron a la Comisaría 1ª y tras dos horas allí, les permitieron regresar.

Pero una semana más tarde, llegó el desalojo y los malos tratos de parte de los uniformados, que según contó Pablo le aseguraron que llegaban “enviados por el Municipio”.

“Nos desarmaron todo y se llevaron las cosas como si fuésemos delincuentes”, explicó Pablo, que al mismo tiempo contó de algunas provocaciones que los uniformados le hicieron, esperando su reacción.

Hoy están en la casa que alquilan con ayuda de personas que se acercaron y les pagaron el alquiler: “Pero no podemos depender de que la gente pague por nosotros”, remarcó Pablo.

 

Solidaridad 

Quienes quieran y puedan ayudar a la familia Verón pueden hacerlo comunicándose con ellos al 0230-15-4365-989.  

 

Mejoría

La historia de Luciano, que hoy disfruta de su familia  

Los padres de Luciano aseguran que el adolescente mostró un cambio gigantesco y explicaron que ya no se agrede constantemente como lo hacía.

Según relataron, el chico se golpeaba en la cabeza y el rostro, incluso llegó a quebrarse el tabique y hasta le pusieron un protector como el que usan los rugbiers.

En su provincia no existen especialistas que traten su enfermedad y los médicos le aseguraron a sus padres, que de no lograr el tratamiento necesario, la convivencia sería muy difícil para Luciano, como para el resto de su familia.

Así fue que los cinco integrantes de la familia comenzaron a viajar una semana por mes, desde Monte Caseros a Pilar, a la casa de unos familiares y Luciano asistía a la escuela para chicos autistas de la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI) de Escobar. Pero esa escuela cerró y hoy el tratamiento lo realiza en el Servicio Nacional de Rehabilitación en Villa Soldati, a donde lo lleva un vehículo a diario desde Pilar y lo regresa a su casa.

“Pasan muchas cosas por mi cabeza y la verdad que nos volveríamos a Corrientes, pero con mi esposa pensamos que no queremos que Luciano retroceda con todo lo que ha logrado mejorar con este tratamiento y los médicos tampoco nos lo aconsejan”, aseguró Pablo.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar