Mal trato… Se dictan conferencias… Empresas de asesoramiento para prevenir el bullying en las escuelas. Padres sensibilizados. Algún docente que se golpea el pecho exclamando “algo estamos haciendo mal”. Diarios que no ahorran tinta en ofrecer estadísticas mal referenciadas. Se acaba de aprobar una ley antibullying, y… el desacertado ímpetu de este nuevo mal no deja de crecer y crecer.
Aparentemente estamos frente a un fenómeno social: los adolescentes son el eje de la violencia en el mundo escolar occidental y junto a ello, los engranajes de la economía y la política están dispuestos a realizar su cosecha.
Vamos por partes: podemos contar cinco tipos básicos de violencia: 1) Violencia social. 2) Violencia económica. 3) Violencia política. Estas tres se encuentran bastante invisibilizadas para el común de las personas, son formas de violencia que afectan a casi toda la humanidad, son parte de un paisaje que aceptamos cotidianamente, no hieren nuestra sensibilidad. Son violencias no tipificadas como sucede con el bullying. Los diarios la transforman en números vacíos de humanidad, por ejemplo leemos “en los últimos 40 años en el mundo hay 2.000.000.000 de personas que están viviendo en situación de necesidades básicas insatisfechas”. Un dato frío que no se asocia con ningún tipo de violencia.
El cuarto tipo de violencia atraviesa las otras tres. Se trata de la violencia de género que después de décadas, las luchadoras/es han logrado que comience a ganar conciencia en numerosas sociedades.
Por último, podemos mencionar la violencia individual, instituida en el inconsciente del individuo, producto de su singular historia. Esto es tema del psicoanálisis y el diván. Se pueden manifestar como proyecciones inconscientes de actitudes negativas de un individuo hacia otro. Todo esto podemos encontrarlo en cualquier conglomerado humano: se trate de industrias, monasterios, medios de transporte, ámbitos de esparcimiento, familias, escuelas, etc. Impulsado, practicado y propagado por adultos. Y no por adolescentes.
Nuestros hijos nacen, crecen y viven en la sociedad que describimos. ¿Qué esperamos que suceda con ellos…? ¿Que no agredan si la sociedad toda agrede? ¿Que no discriminen cuando vivimos en sociedades discriminatorias?
No hay estadísticas serias al respecto, ni podemos realizar estimaciones comparativas con otras épocas. Pero de niño recuerdo que al grito de la consigna “piña va, piña viene, los muchachos se entretienen” participábamos de las peleas callejeras. Era para nosotros una normalidad. Lo cual no significa afirmar que eso estaba bien.
Pero volvamos a nuestra difundida violencia entre estudiantes, tipificada como bullying. Al respecto pregunté a varios expertos en el tema, nacionales y extranjeros, en virtud de un congreso internacional del que participé recientemente: ¿Cómo se tipifica la violencia de los docentes a los alumnos? ¿Cómo se tipifica la violencia institucional hacia los integrantes de una comunidad educativa? ¿Cómo se tipifica la violencia de los medios de comunicación hacia los jóvenes? ¿Están incorporadas en los estatutos las nuevas enfermedades que padecen los docentes, como consecuencia de la violencia institucional? ¿Qué es más grave, la violencia verbal entre adolescentes o la que ejerce una autoridad? ¿Con qué teoría general sobre la violencia se sustentan? Y se podría seguir con más interrogantes…
No encontré en este lugar una respuesta satisfactoria. Porque la “ciencia” que utilizan para el “nuevo mal” no toma en cuenta esta otra parte de la realidad.
Por el solo hecho de tratar el bullying, como un fenómeno “entre estudiantes” encubriendo otros tipos de violencias del mundo adulto hacia los jóvenes, estamos asistiendo a un nuevo tipo de discriminación que crece día a día. Los adultos dominantes liberan sus culpas estigmatizando a los púberes.
Los cambios propios del proceso social que estamos viviendo, deben ser tratados dentro del “todo” y no como una parcialidad. Si no se estará responsabilizando al eslabón más débil y con ello estaremos tapando el bosque.
La nueva ley antibullying, aprobada por unanimidad el pasado 11 de septiembre de 2013 por el Poder Legislativo de la Provincia de Buenos Aires, establece claramente: “Elaborar una guía… de modo de prevenir y actuar ante situaciones de violencia producidas en el contexto escolar… Se hará particular hincapié en… el acoso escolar o cualquier otra forma de violencia entre pares y/o entre, niñas, adolescentes y jóvenes…” (Art 8 d)
La campaña ideológica que transfiere la culpa a los jóvenes, no cesa. Los legisladores no han tenido en cuenta la multiplicidad de violencias que se dan en un sistema social y se sumaron a quienes solo ven un árbol y no alcancen a visualizar las infinitas ramificaciones.
*Autor de los libros “La escuela en tiempos difíciles” y “La escuela entre el ocaso y la democratización”. Redactor de artículos y papers. Recibió la mención honorífica a la investigación del Centro Latinoamericano de la Administración para el Desarrollo, con sede en Venezuela. Expositor en congresos nacionales e internacionales sobre temas de educación. Docente.
