Leones de Derqui: después de 35 años, la solidaridad sigue en pie

La entidad mantiene vivo su espíritu de trabajar por la comunidad. Desarrollan campañas de salud, educativas y llegan a los lugares más remotos. Aquí cuentan sus experiencias.

11 de agosto de 2012 - 00:00

La necesidad de canalizar el sentido común hizo que en 1977 se fundara el Club de Leones de Presidente Derqui. Pasaron 35 años y, con altibajos, la entidad sigue en pie. Hace poco más de dos meses asumió una nueva comisión directiva que preside Norberto Francisco Correa, un técnico en mantenimiento de ascensores, mientras que su vicepresidente es Javier Alberto Álvarez, un suboficial mayor retirado de la Policía Federal.

“Somos una de las instituciones donde tenemos que pagar para trabajar”, dice sonriente el segundo ya que cada socio abona mensualmente una cuota de 50 pesos que sólo tiene por objetivo trabajos solidarios. Como socios activos hay 15, y son 10 los pasivos. Somos todos laburantes orgullosos de hacer algo por los demás, ya dejó de ser una club sólo para una elite”, subraya Correa.

La sede de los Leones derquinos está sobre calle San Martín al 1200, en barrio El Triángulo. Allí se reúnen todos los jueves a partir de las 21.30 para proyectar trabajos comunitarios y conocer los reales números para hacerlos. Por ejemplo, su amplio salón sirve para obtener recursos ya que se alquila para eventos. En tanto ya está en marcha su campaña anual “Luz para los ojos del mundo”, que consiste en llegar a las escuelas públicas para examinar la vista de los chicos.

“Llevamos el cajón luminoso de letras y cuando detectamos que un chico ve mal enseguida informamos a sus padres para que lo hagan tratar”, explicó Correa al tiempo que Álvarez agregó que “cuando son casos severos y sabemos que sus padres son muy humildes buscamos que algún oculista solidario los trate, y por lo general encontramos”.

Luego está la ayuda a los merenderos comunitarios del barrio La Escondida y el de una iglesia evangelista de El Triángulo. Algo que siempre caracterizó al Club de Leones fue su banco ortopédico, y el de Derqui no es la excepción. Sillas de ruedas, cama ortopédica, andadores, paralelas y hasta un inodoro portátil son los medios de los Leones para hacerse de fondos.

“Pero nuestros alquileres están muy por debajo del mercado”, aclara Correa. La donación de medicamentos es otro importante gesto. “Hay médicos amigos que nos dan las muchas muestras gratis que les dejan, las acumulamos y luego las llevamos a las salitas sanitarias del centro de Derqui, y de los barrios Toro y Monterrey”, detalló Álvarez.

Son hechos importantes, y no es menos el que hacen con una muy humilde escuela de San Juan. Desde el 2008 apadrinan a una de Valle Fértil; la bautizada como “María Elena Vidal de Mourín”, y todos los fines de año le envían una camioneta con juguetes, libros de cuentos y didácticos, útiles escolares, prendas de vestir y calzado. “Es algo que gestionó nuestra tesorera, Mary Astudillo, y sólo el agradecimiento de las docentes y los chicos son nuestra mejor satisfacción”, destacó el presidente leonino. Finalmente hay dos tradicionales distinciones. En una, el abanderado y sus escoltas de escuelas públicas reciben una medalla y diploma, mientras que en la otra se destina lo mismo a vecinos ejemplares. “Por ejemplo, en 2009 agasajamos a Jesús Fleita, y en 2011 al folclorista Jorge Bottani”, recuerda Álvarez.

 

Club Leo

Los que toman la posta

Desde 1989 que funciona el Club Leo; los jóvenes de entre 12 y 21 años. No hubo continuidad desde su creación, pero en 2009 se reactivó, y siguen los pasos de los Leones. Son 17 sus socios y “todo el tiempo están proyectando cosas”, señaló Norberto Correa.

El mes pasado repartieron cientos de bolsas para residuos en la palanca de cambio de vehículos, para el Día del Niño -como en años anteriores- están juntando ropa y alimentos, y organizando una chocolatada: todo para el comedor comunitario de La Escondida. En tanto en el barrio Las Lilas hicieron la “Campaña por un kilo”, que consiste en recorrer cada casa para pedir como donación un kilo de alimento no perecedero. Llevan su estandarte y acreditan quiénes son. Eso les valió juntar cientos de kilos que van entregando gradualmente en comedores o merenderos.

 

Comunidad wichi

La comunidad wichi es una de las más postergadas. Está en Salta, Jujuy, Chaco y Misiones desde antes de la colonización española, pero su casi paupérrima realidad poco tiene que ver con el siglo XXI. Los Leones de Derqui asumieron otro padrinazgo y, al menos, dos veces por año le envían alimentos, ropa, calzado, libros y juguetes.

“Tenemos un socio camionero, Hugo Agüero, que siempre viaja a Jujuy hasta a la fábrica de bolsas para cemento Minetti, vio a los wichi que viven muy cerca y, ante su durísima vida, planteó el caso; no dudamos en paliar su terrible pobreza”, dijo Norberto Correa sobre aquella olvidada comunidad de Puesto Viejo. 

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